Tareas voluntarias urgentes

Maurice Apprey
 

W.H. Auden y mi primer sentido intuitivo del psicoanálisis

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Cuando era estudiante en el Centro Anna Freud me maravillaba la forma en que Anna Freud reflexionaba sobre un trabajo que a un estudiante o profesor le había llevado meses escribir. En una exposición de diez minutos ella daba una explicación nítida de la metapsicología detrás de la trama intrapsíquica del caso, de una manera de lo más entretenida. Yo deseaba aprender cómo hacer eso. En su técnica narrativa la descripci ón invariablemente precedía a la interpretación. En ese momento era solo una intuición. Ahora, por primera vez, yo sé que uno puede entrenarse para emular eso.

Otro aspecto de su funcionamiento era su pragmatismo filosófico. Mientras otros debatían los méritos de la teoría topográfica o de la teoría estructural y/o sus continuidades y discontinuidades, ella decía lo siguiente:

A diferencia de la gente que encontr ó la teor ía estructural ya en existencia cuando se introdujeron en el psicoan álisis y consideraron el esquema topogr áfico como algo del pasado, yo crec í con el esquema topogr áfico, y tuve una transici ón gradual hacia el estructural en mi propio desarrollo psicoanal ítico. Debo decir que... yo nunca realic é la distinci ón tajante entre ambas que realizaron escritores posteriores, sino que de acuerdo a mi propia conveniencia utilic é uno u otro marco referencial.
(Sandler con Anna Freud, 1985)

Ahora, por primera vez, he llegado a comprender las continuidades entre ambos sistemas como índices de postergaci ón estructural. En primer lugar, selecciones de las sedimentaciones de la historia son apropiados por el sujeto. En segundo lugar, aquello apropiado llega a constituir un mundo representacional. En tercer lugar, a partir de ese mundo representacional, deseos, reclamos y demandas transferenciales ingresan en el espacio público del campo analítico entre paciente y analista. La intencionalidad detrás de los deseos, reclamos y demandas requiere conexión recíproca y corrección recíproca para permitir que padecimientos, conflictos y déficits hasta el momento no resueltos puedan ser negociados y renegociados hasta que pueda tener lugar una reconfiguración del mundo del sujeto. El relato más representativo de mi trabajo donde utilizo este marco de referencia se encuentra en un número especial sobre análisis intercultural de la edición de enero de 2006 del The Psychoanalytic Quarterly.

¿Cómo se evidencia esta postergación estructural entre el esquema topográfico y estructural? ¿Cuál es la naturaleza de la relación entre campos internos de referencia con el exterior, y a la inversa, de los campos externos de referencia con el interior? ¿Cómo es que un progenitor tiene padres y sin embargo nos focalizamos excesivamente en el cuidador primario y el niño? ¿Qué lugar tienen las generaciones en el trabajo psicoanalítico? Estas y otras transformaciones de lo que conocemos como el psiquismo me han preocupado durante años.

Algunos de estos interrogantes han sido respondidos. En André Green (2000), descubrimos que en una postergación estructural el "paraíso" de la relación madre-bebe se convierte en el "Ello". La relación de una madre con su madre se convierte en el “Yo”. El "Superyo" es el producto final del rol del padre que pone fin a la relación dos-en-uno entre la madre y su bebe, con el cual está conectada corporalmente. En la traslación del rol del padre hacia la formación del Superyó, Green indica que el tiempo aporta una sensación de orden y registra la prohibición de manera de manifestar que el niño pertenece a una generación diferente a la del padre. Dos generaciones por lo tanto no son suficientes para definir a un sujeto humano y se requieren por lo menos tres para hacerlo porque aun en la relaci ón madre-bebe se encuentra la idea potencial del padre dentro de la madre y del padre fuera de la madre. En otras palabras, en la práctica de Green, la atemporalidad del inconsciente suscita el imperativo de la función paterna para proporcionar orden, generalización y continuidad.

La idea de tres generaciones en psicoanálisis no es nueva. Aportando una perspectiva adaptativa, Heinz Hartmann (1958, p. 30) escribió que el sujeto humano no se adapta a su medio ambiente nuevamente en cada generación. Más bien, esta relación con su medio ambiente es garantizada por una evolución característica de nosotros los humanos a través de la influencia de la tradición y la conservación de nuestras creaciones. De acuerdo a esto, heredamos de otros una gran parte de nuestros métodos de resolución de problemas. Por lo tanto, vivimos en generaciones pasadas, tanto como en la nuestra.

Desde Hartmann, hemos avanzado mucho en la descripción de las operaciones multigeneracionales. Haydee Faimberg (2005), Vamik Volkan (2002), Apprey (1993) han descripto diferentes maneras en las que el Yo puede ser sujeto de intrusiones tiránicas y sucede de formas que pueden hacer que el sujeto sea portador de mandatos de proyectos parentales intrusivos con los cuales el Yo puede identificarse y tomar como propios. Mi interés teórico en esta transmisi ón inconsciente entre sujeto y objeto data de cuando yo tenía quince años. Era una época en la cual yo aun no había aprendido que un estudiante debe tener empatía por los profesores que hacen lo mejor que pueden. En una clase de literatura, mi profesor de Latín, quien también enseñaba la poesía de W.H. Auden describió el concepto de “tareas voluntarias urgentes” del poema “On this island” como un oxímoron. Yo me quejé de que su intento algo despreocupado de interpretar la frase de Auden perdía de vista una poderosa metáfora que retrata el conflicto humano. Yo intuía en ese momento que lo urgente y lo voluntario pueden coexistir en una metáfora. Hoy en día, percibo que se proporciona un mandato urgentemente infundido; un mandato seguido de una apropiaci ón voluntaria. Dicha apropiación es mentalizada, y experimenta una postergación estructural. El sujeto y el objeto deben haber cambiado de lugares de manera que el sujeto ahora tiene su propio veneno que entregar, por así decirlo. Ahora, y por primera vez, me doy cuenta cuan formativa fue esa discusión con mi profesor de Latín que era también profesor de Literatura Inglesa. Ahora escribo sobre confusiones maternas, encantamientos transgeneracionales, sueños de tareas urgentes voluntarias, entre otros conceptos de transferencia psíquica y apropiaciones dentro del área del mundo representacional.

Dos circunstancias me permitieron hacer progresar mi trabajo sobre la transmisión psíquica desde allí: una provino del psicoanálisis; la otra de la filosofía continental. En el psicoanálisis, me encontré con el trabajo de Robert Stoller. A partir de estudiar la recepción de los franceses a la filosofía de Husserl, estudié detenidamente a Descartes, Foucault, Bachelard, Merleau-Ponty, Politzer, y Romano, entre otros.

Desde el psicoanálisis, me despertó particular interés el relato de Stoller de una madre cuyo hijo de nueve años deseaba convertirse en niña (Stoller, 1968). La madre hablaba de su relación con su propia madre antes de tener a su hijo. Ella se sentía como un mensaje codificado. Ella había tenido esperanzas de hacerse monja. Noten como suena la palabra monja (“nun” en el original). Su sueño recurrente antes de tener a su hijo era el siguiente: “Yo me había muerto y ya estaba muerta. Pero mi madre me continuaba enviando a la tienda a hacer mandados porque no hab ía prestado suficiente atención para darse cuenta.” Este caso y la interpretación de Stoller del vacío de una madre y de la negativa de una abuela a prestarle su femineidad a su hija, que dieron como resultado un masivo hambre de objeto en una madre junto con una bisexualidad persistente, no constituyeron una revelación para mí. Mas bien, sentí que había encontrado confirmación a una idea que debía ser desarrollada aun más.

De la filosofía continental, llegué a reunir las siguientes ideas sobre el sujeto humano, que presento a continuación. De Descartes, podríamos decir, con alguna reserva, que el sujeto humano se realiza a través de su encuentro con “la verdad” y con la certeza indudable. El sujeto humano en Foucault se realiza a través de sus encuentros con “los errores”; errores como equivocaciones, digresiones, representaciones preconscientes o inconscientes de mandatos. En Husserl, el investigador construye fenómenos intersubjetivos sin presuposición y al servicio de la lealtad al objeto percibido. Pasamos entonces de los eventos hist óricos a un sentido de la historia en la medida en que se crea constitución intersubjetiva de los fenómenos percibidos. En Claude Romano, el sujeto que constituye fenómenos de Husserl es ahora radicalizado de manera que el sujeto es aquel que vuelve a s í mismo; un “advenant (Romano, 2009).

Varias síntesis de ideas provenientes tanto del psicoanálisis como de la filosofía continental me permitieron repensar la descripción de Freud de las cuatro propiedades de las pulsiones. En una época, yo pensaba a la pulsión como proveniente de una fuente biológica, que funcionaba bajo presión, que tenía una meta, y que tenía un objeto. Ahora pienso lo siguiente: más allá de la biología, un mandato ancestral con un deseo perentorio es formulado; los deseos inconscientes subyacentes a ese mandato experimentan una postergación estructural de manera que pierden su urgencia y es más, son puestos en suspenso; una inoculación activa y una recepción obediente cambian de lugar; se va alternando la agencia entre sujeto y objeto. Finalmente, el objeto a través del cual la satisfacción será derivada no es más que una simbolización en el mundo representacional; un self introyectado, por decirlo de algún modo.

El resultado de esta recontextualización de Freud me ha hecho tan claramente consciente que frecuentemente pensamos que estamos teniendo la experiencia de estar dirigiéndonos a algún lugar, solo para darnos cuenta que ya hemos estado ahí. O bien, creemos que tenemos un proyecto, solo para darnos cuenta de que ya hemos sido enviados.

De manera que el tiempo psicoanalítico interpretado como atemporal pueda ya no ser demarcado como pasado, presente y futuro; sino más bien como tiempo pluscuamperfecto.

Mi síntesis de ideas que apoyan la transmisión psíquica, la transmisión transgeneracional de agresión destructiva, sigue las ideas de Gastón Bachelard en este sentido: síntesis es transformación. Mi síntesis de Auden, Freud, Husserl, Foucault, Romano, entre otros, me ha permitido acuñar el término tarea “pluscuamperfecta”.

La idea de la tarea pluscuamperfecta aquí desarrolla y aporta plenitud a la noción de Freud de Nachträglichkeit que se traduce como “acción diferida”. Tenemos ahora una taxonomía mnémica circular y multiplicada por diez del Nachträglichkeit detrás de la transmisión transgeneracional de la agresión destructiva. En primer lugar, un mandato ancestral destructivo es formulado cuando una familia, comunidad o grupo traumatizado intenta cambiar los eventos de la historia por un sentido de la historia. Deben primero encontrar un hogar hospitalario para la toxina psicológica. Deben inyectarla en un objeto adecuado. En segundo lugar, por medio de una postergación estructural, el proyecto venenoso inyectado queda almacenado durante un periodo indeterminado de tiempo. En tercer lugar, el tiempo indeterminado de almacenamiento es misteriosamente suspendido. En cuarto lugar, es suspendido hasta que una tarea pueda robar furtivamente al portador de su sentido de libre albedrío. En quinto lugar, ocurre una paradoja en la cual tenemos una tarea urgente y voluntaria. En sexto lugar, el sujeto que es portador de su herencia como si fuera propia debe encontrar un nuevo contexto para crear un espacio público para la reactivación, lejos del encantamiento, por así decirlo. En séptimo lugar, cualquier sensación de haber sido enviado está totalmente perdida para ese entonces. En octavo lugar, las categorías de activo y pasivo están ahora fijadas en presentaciones irreversibles y no-representables. Por último, precisamente porque la inoculación es irrepresentable, las voces activas o pasivas son inaudibles. Una voz media debe ser promovida y co-creada a través de la conexión recíproca y de la corrección recíproca por medio de la narrativa terapéutica.

Cuando he dirigido un análisis de esta manera, dicha tarea inconsciente se hace presente. Ahora, y por primera vez, puedo ver que fenómenos ordinarios y extraordinarios se develan a través de una simple palabra como “tarea” aun cuando sea apoyada por supuestos metapsicológicos y filosóficos que deben ser puestos entre paréntesis y en suspenso de manera que no me anticipe al paciente.

 

Referencias

Apprey, M. 2014. A pluperfect errand: A turbulent return to beginnings in the transgenerational transmission of destructive aggression. Free Associations: Psychoanalysis and Culture, Media, Groups, Politics, Number 66, pp.15-28.

Apprey, M. 1993. Projective identification and maternal misconception. In: Apprey, M and Stein H. Intersubjectivity, Projective Identification and Otherness, pp.76-101. Pittsburgh: Duquesne University Press.

Apprey, M. 1993. Dreams of urgent/voluntary errands and transgenerational haunting in transsexualism. In: Apprey, M. and Stein, H. Intersubjectivity, Projective Identification and Otherness, pp. 102-130. Pittsburgh: Duquesne University Press.

Faimberg, H. 2005. The Telescoping of Generations. New York: Routledge.

Green. A. 2004. Andre Green at the Squiggle Foundation. London: Karnac Books.

Heinz Hartmann. 1958. The Ego and the Problem of Adaptation. New York: I.U.P.

Romano, C. 2009. Event and World: New York: Fordham University Press.

Sandler, J. with Freud, A. (1985). The Analysis of Defense: The Ego and the Mechanisms of Defense Revisited. New York: I.U.P

Volkan, V. 2002. Third Reich in the Unconscious. New York: Routledge.

 

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