Un país enfermo

Sra. Daniela Boianovsky
 

La polarización se apodera de las calles de Brasil y se desborda en expresiones de odio e intolerancia, afectando los vínculos familiares y sociales y culminando en amenaza a nuestra democracia.

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La sustitución del poder del individuo por el poder de una comunidad constituye el paso decisivo de la civilización. (Freud, 1930, p. 115)

Tristeza, perplejidad, impotencia. Sentimientos que nos acompañan cuando presenciamos la brecha que se abre en nuestro país, como resultado de una intensa polarización que viene marcando nuestras discusiones en el campo político, social e ideológico. Relatos sobre discusiones apasionadas, a menudo atravesadas por el odio hacia aquel que se encuentra en el polo opuesto, traen historias de rupturas dolorosas o llevan al interlocutor a optar por lo no dicho, a silenciar sus diferencias en nombre de la supervivencia de algunas de sus investiduras afectivas, o incluso, en situaciones extremas, de la preservación de su integridad física. Una división que desnuda el padecimiento de nuestro país, que nos desafía, en nuestra perplejidad, a pensar en algunos hilos de la trama que nos trajo aquí. Muchas son las puntas para tirar de esta madeja. Intentaré, con la ayuda del ojo psicoanalítico, pensar en algunas de ellas.

Atravesados ​​por la subjetividad de cada uno, los acontecimientos que han estado movilizando a nuestra población están revestidos por diversas narrativas, verdaderas realidades paralelas, que llevan el carácter intangible del hecho y los deseos que en él son depositados. En las dificultades vividas por el país, en el desamparo sufrido por una sociedad marcada por una intensa desigualdad en el ejercicio de su ciudadanía y acceso a la salud, educación, vivienda y empleo, la brecha creciente entre las diferentes partes de nuestra población es una parte integrante de nuestra historia, desde sus comienzos colonialistas, y la hace vulnerable y susceptible a la construcción de nuevos campos de conflicto y polarizaciones. En una estructura esclavista formadora de una élite que acuñó su identidad a través de privilegios, las políticas públicas inclusivas que apuntan a una mayor distribución de ingresos y servicios provocan resentimiento y resistencia en los grupos que detentan el poder económico, político y social. En medio de la grave crisis económica, denuncias y condenas por corrupción, la creciente violencia urbana y la alta tasa de desempleo, la búsqueda de enemigos que puedan ser considerados responsables de las frustraciones y así ‘organizar’ un mundo que se presenta hostil, por un lado, y la articulación de parte significativa de nuestro sistema jurídico, parlamentario y mediático para la disputa por el poder, por otro lado, hace que el entorno vuelva a manifestar la realidad, interna y externa, dividida entre lo bueno y lo malo, entre el bandido y el héroe. 

Nuestra sociedad se comporta, en su mayor parte, conforme a la descripción de Freud (1921) en su estudio sobre la psicología de las masas: adhiere al grupo con el que se identifica, fortalece allí sus lazos libidinales y su necesidad de pertenencia, y hace del pensamiento adverso el objetivo del odio y la intolerancia.  Una polarización extrema es forjada por aquellos que buscan la aniquilación del otro cuando buscan, por ejemplo, deslegitimar la confrontación de ideas al  tratarlas indiscriminadamente como expresión de una radicalización ideológica odiosa del ‘campo opuesto’, especialmente cuando este es considerado portavoz del espectro progresista. Fisura y  fragmentación invaden nuestro tejido social y ponen en riesgo un juego político que hasta entonces había logrado contener y negociar las diferencias, desgarrando  así la costura del lazo democrático. El ejercicio de una reflexión dialéctica forma islas de resistencia entre quienes luchan por el sostenimiento de la democracia misma.

Las acciones de odio y destructividad pasan a tener libre tránsito en el país, estimuladas y autorizadas por un liderazgo perverso que emerge, en medio de esta polarización radical, con la promesa de representar el cambio en la configuración político-económica que muchos anhelan: en un juego de identificaciones y comunicación directa a través de sus redes sociales, actúa con sus seguidores, comparte el aflojamiento de sus inhibiciones y el ataque constante a nuestras instituciones. Somos testigos, perplejos una vez más, del aumento de casos de feminicidio, la muerte de inocentes en operaciones policiales violentas, al creciente desprecio por la dignidad de la persona humana, especialmente cuando el otro es negro, pobre o indígena. Desde los sótanos de nuestras mentes, surgen acciones que revelan un funcionamiento que hace que el odio sea la fuerza impulsora y unificadora de un grupo que fue determinante en la elección, por voto, de este mismo liderazgo como gobernante del país, un líder autoritario, incapaz de lidiar con la pluralidad y lo contradictorio, que expresa su deseo de excluir a aquellos que se interpongan en sus demandas narcisistas. La fantasía del padre omnipotente que observamos en la infancia, o incluso en la horda primitiva, ronda nuestras esquinas.

En una campaña donde la divulgación masiva y criminal de distorsiones e información falsa fomenta el odio, el miedo, el fanatismo y la intolerancia, en especial a las ideas progresistas y a sus representantes, vimos a una sociedad caer en la trampa de sus ilusiones, sucumbiendo al anhelo libertario de contenidos previamente retenidos por el compromiso con el Estado de Derecho y el Bienestar Social que la lucha expresiva y la movilización de los grupos minoritarios habían conquistado: una sociedad que es rehén de sus prejuicios y su oscurantismo, que expone la arrogancia de su pensamiento autoritario y muestra el deseo de perpetuar su herencia esclavista, revelando, en última instancia, que el mayor miedo de cada uno es el de mirar y reconocer las dificultades de su propio mundo interno.

En el poder aglutinador de nuestras redes y medios sociales, podemos observar el terreno fértil para intensificar este fenómeno de dinámica de masas: en la inmediatez que amenaza el ejercicio del pensamiento, el funcionamiento de los grupos es aún más permisivo a la expresión y la realización de los aspectos primitivos de la mente, donde la ausencia de la mirada del otro, de la mediación de un tercero, añadida a la exclusión de lo que no es idéntico, ‘confirma’ la omnipotencia de las certezas narcisistas. La negación de la castración y la triangulación edípica son más fácilmente actuadas y promueven el ataque a la alteridad y las interdicciones; se instituye una tierra sin ley, de diseminación de mentiras perversas, con verdades ‘autoproclamadas’ por líderes que exploran el círculo vicioso entre el miedo y el odio, seduciendo a los deseosos de narrativas ilusorias y simplistas. Una parte importante de la población, tomada por su insatisfacción y la incredulidad hacia nuestras instituciones políticas y democráticas, está ávida por encontrar un objeto donde poder satisfacer la pulsión destructiva que inunda el país. El campo virtual desborda y potencializa las manifestaciones de nuestras calles. La demonización de aquel que debe ser considerado el enemigo, responsable de todos nuestros males y fracasos, y la demanda de un salvador que nos rescate de este desamparo, son cada vez más moldeadas y sedimentadas. Nuestras elecciones amplían y acentúan la brecha que separa al país en dos Brasiles.

Parte de nuestras instituciones responsables por el cumplimiento de la ley han demostrado estar comprometidas en varias instancias, ya sea en la coautoría de la profundización de esta brecha cuando manejan las investigaciones, o cuando se dejan infectar por el clamor de las masas sedientas de medidas punitivas que, muchas veces, contradicen nuestra Constitución. Estamos viviendo un grave ataque al pacto civilizador y esto deja huellas.
  
Dell tejido de nuestros traumas y contenidos no elaborados, hemos fallado en escuchar el dolor de varios segmentos de nuestra población, que no ven reconocida su subjetividad: desde las comunidades indígenas, cuyas tierras fueron invadidas y su cultura vilipendiada, a los negros que, arrancados de sus vidas y del acceso a su propia historia y ancestralidad, fueron esclavizados por más de 300 años y sus descendientes continúan siendo explotados, discriminados o sometidos a nuevas formas de servidumbre. A estos grupos se unen otras minorías (LGBTQ, mujeres, personas sin hogar, etc.) para formar un verdadero pelotón de objetos- objetivo que sirven de continente para la proyección del insoportable unheimlich – el extraño que vive en nuestro inconsciente- de aquellos que necesitan deshacerse de él para garantizar su supervivencia narcisista.

De la negación de nuestra historia y el reconocimiento de nuestros crímenes, surge un presidente que, además de profesar su contenido misógino, homofóbico y racista, trae, en su discurso, elogios a la dictadura, la tortura y el torturador, dando voz al propio resentimiento y al de aquellos que, inconformes por haber sido removidos del poder, buscan el revisionismo de un golpe de estado-ocurrido en 1964, cuando se instituyó el régimen dictatorial militar hasta que el proceso gradual de apertura democrática se reanudó con las elecciones de 1989 – que hoy sangra en la memoria de los familiares de los muertos, torturados y desaparecidos. Hay muchas heridas que encapsulamos en estos quinientos años de Brasil, y que hacen eco en la intensa desigualdad y sufrimiento que encontramos en nuestras calles. Nuestra lucha por la democracia es antigua y aún continúa.

¿Sabremos cómo construir e implementar un proyecto verdaderamente democrático y salir de la compulsión a la repetición que nos ha estado encarcelando? De la tendencia humana a unirse en unidades que excluyen al otro y fortalecen lo que es idéntico,a buscar un ‘extranjero’ para satisfacer su agresividad y al mismo tiempo tratar de garantizar su cohesión interna (ya sea en la intersubjetividad entre naciones, grupos o entre sujetos), conseguiremos desarrollar, en nuestro campo social, la capacidad de tolerancia y convivencia? ¿Sabrán nuestras instituciones, en retroceso y derretidas, cómo recuperar las riendas de su función? En una conferencia dada la mañana siguiente a los ataques terroristas sufridos por París en 2015, Amos Oz nos propone ser como una península: ‘en parte conectada con la tierra firme de la familia, la sociedad, la tradición, la ideología, etc. - y centrada en parte en los elementos, sola y en profundo silencio’ (2016, p. 32) en una metáfora que nos anima, creo, a sumergirnos en nuestra subjetividad, nuestra destructividad, vulnerabilidad e incompletitud, para que podamos emerger más integrados, capaces de reconocer la alteridad y, quién sabe, resistir la seductora homogeneización de nuestros grupos.

 Ante el recrudecimiento de todo tipo de intolerancia que observamos aquí y en otras partes del mundo, de la actuación ruidosa  de la pulsión de muerte que observamos en los desbordamientos de la destrucción y el odio- desde el desmantelamiento de las políticas públicas, hasta la censura y la reducción de fondos para nuestra producción cultural y académica, así como el fuego criminal que quema nuestros bosques y amenaza a innumerables tribus indígenas – del bombardeo incesante de la palabra-acto-fragmento que desmiente o niega nuestra realidad o, aún, tomada por la fractura que corta nuestra sociedad y que nos sustrae de importantes lazos afectivos, la constatación de nuestra impotencia nos viene enfermando. En los consultorios psicoanalíticos, los pacientes buscan nombrar su dolor y el del país, en un proceso constante y difícil.

No obstante, hay que decir que, desde el reconocimiento de la angustia, o incluso del cuadro depresivo que afecta a muchos de nosotros, tenemos la oportunidad de mirar nuestras lagunas históricas y acoger nuestra desmentida, cuidar la memoria y las heridas que hierven en el caldo de nuestro inconsciente, ya sea como individuo o como nación; de elaborar el daño que dejamos atrás y enfrentar los desafíos del duelo y la reparación, posibilitando  un nuevo viaje en el camino de la de la pulsión de vida, el deseo de saber, de saber más de sí y del otro.

La construcción de caminos que nos rescatan del lugar paralizante y estéril que es el de la fisura es una tarea ardua para cada uno de nosotros. Ante la amenaza del autoritarismo que late en nuestro país, es necesario que podamos transformar la polarización actual en una confrontación funcional y creativa, capaz de tolerar diferencias, de detener el ataque al pensamiento y defender el ejercicio pleno del Estado de Derecho. Necesitamos renunciar a nuestras defensas omnipotentes y lidiar con el malestar de la condición humana, con las grietas y la impotencia que nos constituye; ‘conciliarnos’ con la incómoda existencia de nuestros síntomas e insatisfacción, con las instituciones que nuestra cultura ha producido para regular nuestras relaciones y contenernos y protegernos, a través de la ley, de nuestro propio poder destructivo. Incluso si estas instituciones parecen, por un momento, haber renunciado a nosotros, es imprescindible que jamás desistamos de ellas, o pasaremos del malestar en la civilización al terror de la barbarie.
 
Referencias
Boianovsky, D. (2019). Una vez más: ¿por qué la guerra? Trabajo presentado en el XXVII Congreso Brasileño de Psicoanálisis, junio de 2019, Belo Horizonte - MG.
Freud, S. (1919). O estranho. Edição standart brasileira das obras psocológicas completas de Sigmund Freud. TradJ. Salomão, Vol.17, pp. 273-314. Rio de Janeiro: Imago.
Freud, S. (1920). Além do princípio do prazer. Edição standart brasileira das obras psicológicas completas de Sigmund Freud. Trad. J. Salomão, Vol.18, pp. 13-85. Rio de Janeiro: Imago.
Freud, S. (1921). Psicologia de grupo e a análise do ego. Edição standart brasileira das obas psicológicas de Sigmund Freud. Trad. J. Salomão, Vol.18, pp. 89-179. Rio de Janeiro: Imago.
Freud, S. (1930). O mal-estar na civilização. Edição standart brasileira das obras psicológicas de Sigmund Freud.  Trad. J. Salomão, Vol.21, pp. 75-171. Rio de Janeiro: Imago.
Freud, S. (1933). (Einstein & Freud). Por que a guerra? Edição standart brasileira das obras psicológicas de Sigmund Freud. Trad. J. Salomão, Vol. 22, pp. 237-259), Rio de Janeiro: Imago.
Oz, A. (2016). Como curar um fanático. São Paulo: Companhia das Letras.
 
Traducción: Sodely Páez

 

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