El béisbol: Un deporte estadounidense de juego íntimo y engaño

Dr. Steven H. Cooper
 

El béisbol gira alrededor del concepto metafórico de home, casa . El objetivo del juego es "llegar a casa" tantas veces como sea posible.

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El baseball pivotea sobre el concepto metafórico de home. El objetivo es “llegar a casa” (get home) tan frecuentemente como sea posible. El equipo que más toca la base (home plate) gana el juego. El ataque más significativo y explosivo en el baseball es una corrida (home run). El objetivo del juego es conseguir la corrida (runner home) o llegar a nuestra base. Lo esencial del baseball es llegar a la base.
 
El conflicto y la lucha alrededor de la base, ese lugar codiciado, y volver a la base son la trama central del baseball. Hay en juego muchos elementos de lucha íntima y de colaboración íntima. Elaboré algunos de ellos.
 
Intento demostrar cuánto del baseball implica una tensión constante entre la absoluta determinación atlética del jugador, con el engaño y la seducción del juego. El baseball es un juego que hace que las intenciones sean difíciles de leer, y por lo tanto requiere una lectura atenta. Todos, lanzadores, bateadores y jardineros juegan parcialmente el rol de Pied Piper (el flautista de Hamelin), que induce a los demás a seguirlo, con un resultado trágico para quien cae en la trampa. Cada jugador trata íntimamente de interpretar las intenciones del otro. Es un juego que implica múltiples niveles de conjeturas y explicaciones.
 
Para aquellos que crecimos con el baseball, está relacionado a menudo con momentos de intimidad con los objetos amados o por lo menos con objetos que daban lo mejor de sí mirando o conversando sobre baseball. En cierto sentido, el baseball, tanto como el entorno relacional ligado a esa forma de juego, es un objeto de amor. Realidad y juego de Winnicott (1971), fue creado con esos límites permeables de la mente respecto del juego y el psicoanálisis.
 
Lanzando, bateando e intimidad. El arte del engaño, la ilusión y la explotación de la vulnerabilidad
Como todos los deportes, el juego del baseball está enmarcado por las líneas de la realidad, incluyendo las líneas de falta; los límites de la base; la estructura del campo; y las reglas del juego. Recordarán la brillante afirmación de Freud de 1908: “Lo opuesto al juego no es lo que es serio. Es lo que es real”.
 
En el baseball, la realidad está determinada por el árbitro que juzga las pelotas y los strikes; él determina quién está a salvo o fuera en la base. Es juez y jurado de lo que sucede en la base (home plate) y en todas las otras bases subsidiarias. Los lanzadores, bateadores y jardineros suplican, argumentan y denuncian las determinaciones del árbitro. Tomando en cuenta que la perspectiva y la determinación del árbitro son firmes, estas disputas íntimas son para los jugadores más un tipo de liberación emocional. Sin embargo, es cierto que una manifestación de un cambio epistémico acerca de la realidad en física y la autoridad con la cual determinamos la realidad es que ahora algunos anuncios pueden ser cambiados después de recurrir a la verificación por video.
 
En el centro del baseball está el drama en el que se juega el conflicto entre el lanzador, el bateador y el jardinero que se disputan la base. El lanzador y el receptor quieren poseer la base, igual que el jardinero. Cuanto más pueda controlar la base el lanzador, menos oportunidades tendrá el jardinero de conseguir buenos lanzamientos. Para dominar la base, el lanzador necesita asegurarse de lanzar la pelota lo suficientemente lejos de la misma como para lograr un strike. Lanzadores y receptores se refieren a este tipo de lanzamiento como morder la base. Si el lanzador tira la pelota demasiado lejos de la base, es más probable que el bateador consiga un “buen lanzamiento como para obtener un hit”. Por lo tanto el lanzador y el receptor tienen que tener un profundo e íntimo conocimiento de las fortalezas y debilidades del bateador. Si la pelota se localiza en la “caseta” (otra referencia a la casa) es más probable que el bateador logre un hit.
 
Es clave la intimidad de la intimidación. Los lanzadores “envían un mensaje” a los bateadores si estos quieren pararse muy cerca de la base. El lanzador intentará barrer al bateador hacia atrás si en algunos casos éste quiere controlar demasiado la base, golpeando al bateador con el lanzamiento si es necesario enviar un mensaje.
 
Por lo tanto lanzadores y receptores, mediante la íntima observación y lectura del bateador, quieren usar elementos de seducción, ilusión, frustración, engaño y dominio para impedir al bateador hacer contacto con el bate y en última instancia llegar a la base. Ellos estudian las tendencias de bateo del bateador. ¿Qué tipos de lanzamientos seducen al lanzador? ¿Cuáles son sus tendencias y preferencias? Por ejemplo, ¿es capaz de tomar un primer lanzamiento? De ser así, es el momento en que el lanzador deberá serpentear un lanzamiento del bateador para un strike.
 
Los lanzadores engañan cambiando la dirección y la velocidad de los lanzamientos. Deben desarrollar una cultura de la imprevisibilidad y dejar dudando a los bateadores. La única excepción a esto es que los knuckleball (lanzadores con los nudillos) generalmente hacen un lanzamiento. Aún ese único lanzamiento, el knuckleball es a menudo un misterio en relación a cómo se moverá, incluyendo al lanzador que lo lanza.
 
Muchos grandes lanzadores basan su repertorio de lanzamientos en sus bolas rápidas. Éstas son el lanzamiento más básico, y constituyen de alguna manera el punto de referencia contra el cual son juzgados todos los otros lanzadores – lanzan con desplazamiento, pero no tanto como los lanzamientos fuera de velocidad o con pelotas curvas. Los lanzadores más exitosos deben ser capaces de ubicar sus bolas rápidas con gran exactitud. Por ejemplo, un lanzador trata pocas veces de mostrar una bola rápida a un bateador para poder engañarlo más tarde al batear más lentamente o bolas curvas. Para la mayoría de los lanzadores, la bola rápida es fundamental.
 
Los bateadores también estudian a los lanzadores. Ellos quieren conocer las tendencias de los lanzadores. ¿Qué clase de lanzamiento hará el lanzador al principio de un conteo? Qué tirará cuando está atrás en el conteo. Estas son piezas íntimas de información porque implican el estudio de la vulnerabilidad. Los bateadores a menudo quieren pararse en la base de forma tal que puedan dominarla. Quieren castigar al lanzador si manda la bola mucho más allá de la base. Quieren minimizar lo más posible el engaño ingenioso y la ubicación de la bola.
 
Los bateadores también engañan a los jardineros y los lanzadores falseando el toque de bola para lograr que los jardineros se muevan a posiciones en el campo que sean ventajosas para el bateador. Falsear la bola también puede terminar con la serenidad del lanzador. Una forma bastante frecuente de engaño implica al bateador que toma un lanzamiento para crear la falsa sensación de seguridad en el lanzador de que puede hacer ese lanzamiento impunemente. Luego, si el lanzador cae en la trampa, el bateador está esperando para atacar en el lanzamiento. La relación íntima entre bateadores y entrenadores de primera y tercera base transcurre desarrollando esquemas falsos para hacer preocupar a los lanzadores y a los jardineros con escenarios particulares opuestos a los que piensan los bateadores.
 
El ritmo relativamente lento del baseball en relación a otros deportes hace que esa observación cercana sea más íntima. Hay tiempo para leer e investigar la intencionalidad, lo que no se consigue en el football europeo o americano. En estos deportes las lecturas cercanas se producen en nanosegundos. En el baseball podemos mirar y reflexionar internamente.
 
Si bien sería absurdo compararlo con el espacio de reflexividad intermediado por el psicoanálisis, en algún aspecto es un deporte contemplativo. 
 
Los jardineros trabajan juntos íntimamente para estudiar las tendencias de los bateadores de tirar (hit) las pelotas a partes determinadas del estadio. Los jugadores defensivos de las primeras bases (infielders) también colaboran para asegurar que cubren la mayor parte posible del cuadro interno (infield). Los defensores (infielders) no son ajenos a la traición. Pueden tratar de convencer a los lanzadores que se van a inclinar en una u otra dirección, sugiriendo al bateador que trate de enviar la pelota a otra parte del cuadro interior (infield)
 
Por lo tanto, el baseball implica una tensión constante entre la intencionalidad sincera, logro atlético puro y el engaño y la seducción del juego. Cada jugador trata de interpretar íntimamente las intenciones del otro.
 
Algunos elementos íntimos de la observación y la metaobservación en el baseball y los deportes
Observar deportes funciona parcialmente como depositario tanto de partes idealizadas como degradadas de la experiencia del self. Los deportes, como acción y fantasía catalizan una variedad de anhelos nostálgicos, incluyendo deseos de revivir experiencias positivas de la niñez como de crear fantasías falsas, idealizadas acerca de quiénes deseamos haber sido antes y actualmente. Muchos adultos conservan la nostalgia de un tiempo en el que el juego era nuestro trabajo y la interrupción de la incredulidad en los deportes es un breve salto de las responsabilidades y tensiones en la vida de todos los días que está permitida en la vida adulta.
 
Observar baseball provee entonces espacios psíquicos colectivos para la regresión. Para los adultos que crecieron observando el baseball es una vuelta a sus propias fantasías idealizadas y heroicas sobre ellos mismos (e.g. “podría haber sido un competidor"). También hay fantasías regresivas asociadas con los héroes de su infancia – atletas y por supuesto el desplazamiento de las idealizaciones de algunos padres.
 
Los adultos se enorgullecen enormemente de los logros atléticos de sus hijos por razones intrínsecas a las alegrías de sus hijos al usar sus cuerpos en formas nuevas y extraordinarias. Los adultos vuelven a visitar indirectamente los juegos de su infancia a través de la participación atlética de sus hijos. Platón sentía que el verbo “brincar” es el que mejor captura el juego de la infancia. Mientras muchos asocian el baseball con una actividad meticulosa y dejar que se produzca la acción (en contraste con el basketball, el football, el football americano y el hockey), hay saltos grandiosos implicados en el baseball y es un deporte engañosamente desafiante  atléticamente. Los bateadores de pie  a noventa pies de un humano a menudo enorme lanzando a 90- 100 millas por hora corren riesgo de ser heridos.  
 
Los atletas se convierten en representantes de nuestros hijos. Los jugadores de baseball “juegan” para tener una vida con la que no sólo nos identificamos indirectamente, sino a los que también envidiamos. Por supuesto que se hizo más difícil suspender nuestra incredulidad acerca de  los elementos ilusorios del juego desde que el mercantilismo de los deportes invade nuestras vidas todo el tiempo. Para entender los deportes más allá de los años 50, uno tiene que comprender elementos de la ley de contratos y los fans más ávidos de los deportes están bastante informados de los matices de los contratos de los atletas.
 
Los deportes también contienen elementos degradados del self que resultan intentos de reconciliación entre fantasías lúdicas y el desengaño realista. Los atletas, como depositarios de estas fantasías idealizadas, son objetos ambivalentes pero íntimamente celebrados, adorados pero también odiados porque nunca pueden estar a la altura de la idealización.
 
El baseball ofrece un entorno íntimo para fanáticos gritando a los jugadores, aplaudiéndolos con adulación y por supuesto la contenida ambivalencia entre los polos admiración/reconocimiento y desilusión/rebajamiento masivos.
 
Los americanos son observadores. Se dice que el americano promedio mira seis horas de televisión diarias. Los objetos de nuestra observación se vuelven más y más lejanos de nosotros a pesar de la llamada calidez e inmediatez de la televisión. Este observar puede llevar a algo que David Foster Wallace (1990) refiere como “metaobservación”. No sólo miramos deportes sino que comentamos sobre lo que miramos y comentamos sobre nuestros comentarios. El concepto de visualización y observación es amplio. Continúa con escribir ficción y criticar la ficción, lo que Wallace llama metaficción – escribiendo acerca de observarnos mientras escribimos. Es como si desarrolláramos un nuevo deporte relacionado con observar íntimamente y derribar a nuestros atletas, algo a lo que en un trabajo anterior me referí como el lado negativo de nuestra ambivalencia hacia los atletas como “specthating”(odiar el espectáculo) (Cooper, 2015). En esta nueva forma de estar íntimamente involucrados con los deportes podemos acceder más a nuestra devaluación y envidia de los atletas, a través de shows de charlas sobre deportes que funcionan veinticuatro horas por día en la radio, en televisión y en internet. En estas actividades nos sacan cada vez más de la observación real y de la identificación indirecta con los atletas. En cierto sentido, está cambiando el espacio transicional en los deportes. Se está derrumbando la capacidad de fantasía. Incluso me pregunto si es difícil de sostener la idealización que los niños hacen de los atletas.
 
Dada nuestra predilección por la idealización, no sorprende que los atletas estén a menudo en una gran caída, de ser amados a ser envidiados o aún odiados. De alguna manera no sostenemos una conexión humana con los atletas. Cada vez más los atletas son asociados con el mercantilismo de la vida cotidiana y llegan a representar productos más que a sus habilidades atléticas. Muchos atletas son “admirados” (otra conexión lingüística con su status heroico y divino) y en nuestra negación colectiva se niega el reconocimiento de sus vulnerabilidades. Negamos su adicción a las drogas, alcoholismo, adicción al sexo y el uso de drogas para mejorar el rendimiento. Cuando lo descubrimos los odiamos porque no son los que pensábamos que eran y los que inconscientemente deseamos que sean. En algún sentido censuramos que no sean los objetos transicionales que nosotros mismos creamos.
 
Es interesante pensar la clase de observación íntima en la que participamos mientras practicamos deportes y observamos deportes por un lado, y por el otro la metaobservación íntima que ahora continúa en la discusión sobre deportes y en el comercio de los deportes. En tanto aprendimos mediante lecciones acerca de la verdad de la información de nuestro mundo virtual, es más fácil tener un árbitro de baseball mediando la realidad entre las líneas de un campo de baseball que los vectores porosos, fibrosos, de la persuasión en la interpretación de deportes y noticias. En el baseball, cuando un árbitro declara un strike, es un strike porque él lo llama strike. Podemos aceptar esta construcción inocente y ficticia de la verdad (esencialmente una dictadura), mucho mejor que cuando el árbitro es percibido como más peligroso en la vida real.

 

Referencias
Cooper, S. (2010). 'The grandiosity of self-loathing: Transference-countertransference considerations.' Int.J.Psycho-anal.
Cooper, S. H. (2015). Some Reflections on the Romance and Degradation of Sports: Watching and Meta-watching in the Changing Transitional Space of Sport.
Wallace, D. (1990) A Supposedly Fun thing I’ll Never Do Again: Essays and Arguments. Boston: Back Bay Books, Little, Brown and Company.
Winnicott, D. (1971). Playing and Reality. New York: Basic Books

Traducción: Silvia M. Koziol

 

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