Terrorismo de masa y alienaciones del yo

Dr. Denis Hirsch
 

En estos casos, el Superyó es puesto al servicio de una ideología y de un yo-ideal que pregona la muerte ciega, incluida la del sujeto mismo.

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Radicalismo religioso y terrorismo de masa ponen en juego la psicología individual y la psicología colectiva. En estos casos, el Superyó es puesto al servicio de una ideología y de un yo-ideal que pregona la muerte ciega, incluida la del sujeto mismo. ¿Cómo es posible tal alienación del yo y cuáles son sus efectos? ¿De qué identificaciones e incorporaciones inconscientes se trata? ¿Conforme a qué líneas de fallas se escinden el yo y el objeto en la violencia desatada? ¿Cuáles son las herramientas metapsicológicas aptas para dar cuenta de esos fenómenos altamente contagiosos que amenazan el trabajo de cultura?

Estos interrogantes adquieren hoy un lugar singular cuando el horror de los atentados recientes es aún perceptible en Bruselas, después de París y tantas otras ciudades del mundo. Este ensayo de elaboración es ciertamente un intento, por mi parte, de pensar lo impensable, de dominar el terror traumático, a riesgo de una teorización demasiado determinista o demasiado hipotética- que además realizo a partir de una clínica indirecta. Y, sin embargo, por estas mismas razones, me arriesgaré.
Propongo, entonces, articular tres niveles complementarios de alienación del yo inconsciente cuando es “tomado prisionero” por el terrorismo religioso.
 
Primer nivel: Identificación narcisista con una madre arcaica e incorporación ideológica
La tercera herida narcisista infligida al ser humano –la de no ser amo de su inconsciente- es muy dolorosa para el yo. El yo quiere demostrarse que es “soberano, por lo tanto intenta desesperadamente compensar su sentimiento de “rebaja” frente a sus amos – el ello, el superyó y la realidad - que lo gobiernan. El yo se defiende de ellos narcisísticamente mediante la arrogancia y  la grandeza.
Esta castración ontológica, inherente al hombre, puede tener consecuencias mucho más inquietantes cuando una mayoría de individuos, perteneciente a un pueblo, a una nación, a un grupo religioso o étnico, se siente desarraigada, repudiada, humillada, amenazada en su identidad individual o colectiva, en función de ciertas condiciones sociales, económicas, históricas, políticas.

La herida y la angustia identitaria se transforman entonces en un pacto mortífero que se construye sobre el odio por otra cultura o por otro pueblo – pueblo “vecino pero diferente” dice Freud (1930) – cuya presencia viene a amenazar el narcisismo de las pequeñas diferencias. En ocasión de tal deriva genocida, una ideología totalitaria o religiosa desempeña siempre un papel de cimiento y de palanca del movimiento de odio homicida.

La ideología religiosa radical es transmitida mediante un ídolo divinizado, en nombre del cual toda palabra es verdad absoluta. Así, uno de los preceptos enseñado a los candidatos terroristas es el siguiente: La ley islámica prevalece sobre la ley democrática; la soberanía política es inferior a la de Allah”.

La ideología yihadista capta precisamente a adolescentes en peligro a causa de fallas identitarias importantes. Devenir terrorista y combatiente islamista les ofrece “la ilusión de un ideal total que colmará sus fallas, permitirá una reparación de sí, incluso la creación de un nuevo sí mismo, dicho de otro modo, una prótesis de creencia y una armadura identitaria que no adolece de duda alguna” (F: Benslama).
Para Freud (1930), los crímenes de masa implican, en los criminales, “identificaciones con un Yo-Ideal de fusión y de pureza que infiltra muy fácilmente el Superyó individual y colectivo”

El Yo-Ideal es entonces concebido como una instancia – o más bien como una imago arcaica incorporada, equivalente a una fusión omnipotente madre-infans, portadora de un ideal narcisista infantil sin fallas ni herida ni falta y que excluye la terceridad, la alteridad y la posición depresiva.

Podemos representarnos la tópica psíquica del yo inconsciente de un sujeto alienado por una ideología radical así, de la manera siguiente:

La ideología totalitaria incorporada oscurece “la consciencia” del yo voluntario.

Hay una desintrincación de las identificaciones constitutivas del superyó. El ídolo sustituye al superyó.
-Ideal del yo que regresa hacia un yo-ideal mortífero.

“El objeto ideológico” deviene un objeto alienante cuyo control tiene por finalidad permanecer adherido al objeto interno, forcluir la representación de la triangulación edípica y de la escena primaria, abolir el acceso a la posición depresiva y a la filiación simbólica. El yo escindido se encuentra, en adelante, amputado de sus potencialidades identificatorias. Es “rehén” de una tópica en la que los objetos reales alienantes se hacen pasar por instancias internas e identificaciones subjetivas. El yo ideal engaña así al yo permitiéndole un derecho sin límite de goce y de crimen, siempre y cuando renuncie a su soberanía.
Semejante alienación de la tópica de un sujeto sólo es posible porque ya tuvo lugar tempranamente en la vida del futuro terrorista, con sus objetos primarios omnipotentes, en relación con el fracaso de la supervivencia del objeto en la prueba de destructividad del sujeto (D: Winnicott). El fracaso de esta prueba de supervivencia del objeto – es decir su capacidad de no tomar represalias – obstaculiza el advenimiento del mundo objetal interno y de un espacio transicional fiables. Del control del ello sobre el superyó – resulta un Ideal del yo mal encarnado.

Por consiguiente, la ideología, el Ideal y el Ídolo totalitarios podrían tanto más fácilmente sustituir al yo-ideal y perpetuar la alienación, particularmente en el momento de las reorganizaciones tópicas y pulsionales de la adolescencia.

Segundo nivel: el Superyó terrorista y la identificación melancólica con el padre destituído
Según F. Benslama, el terrorismo religioso islamista está ligado a una decepción y a una pérdida melancólica de un ideal narcisista colectivo, el de un Islam conquistador, unido e invencible. Así, nace una ideología de “ideal islámico herido” que debe ser vengado y el advenimiento de la figura idealizada, purificada y todo poderosa del “Súper-musulmán”. En el terrorista radicalizado, el atentado parece cumplirse con calma y dominio, en un estado de “melancolía sacrificial”, dónde el sacrificio sirve de venganza y de restitución del ideal perdido y ofendido.

El discurso de los reclutadores insiste deliberadamente en la miseria narcisista de los futuros reclutas, en la identidad descalificada, exiliada, débil, afeminada y castrada de los malos musulmanes “contaminados” por el occidente y sus valores decadentes. Este discurso confirma ante los futuros jóvenes radicalizados la imagen de sus padres surgidos de la emigración, frecuentemente percibidos como humillados, descalificados ante los ojos de sus propios hijos, traidores por haber abandonado el paraíso de su madre-tierra de origen, y el islam riguroso.

Por su autodestrucción sacrificial y homicida, el superyó melancólico cruel del terrorista, liquida y se  purifica al liberarse de ese objeto narcisista odiado y vergonzoso, incorporado en él, y del que ha surgido. Así, el yo escindido se identifica con una figura invulnerable y dominadora del padre musulmán restablecido en su dignidad y su poder.

La dimensión melancólica homicida de los actos terroristas, aparece claramente en los slogans de Daesh que se complacen en describir a posteriori los atentados: “Un grupo que se divorció de la vida de aquí abajo avanzó hacia sus enemigos, buscando la muerte en el sendero de Allah, socorriendo a su religión, a su profeta, queriendo humillar a sus enemigos. Allah les ha facilitado el mártir que esperaban y han explotado su cinturón de explosivos”.

La sombra del padre destituído-decepcionante-odiado cae así sobre el yo del terrorista que se hace explotar. En el mismo movimiento, el terrorista expulsa “en” los no creyentes “impuros” las esquirlas escindidas, fragmentadas y destructoras de su yo odiado (a veces sobrecargados de bulones)
En esta lógica, para el terrorista fundamentalista, se trata de reencontrar en el paraíso un objeto paterno originario, divinizado, sin ambivalencia alguna ni conflicto ni diferencias entre generaciones. Un padre originario que estará incestuosa y eternamente acoplado a sus hijos, con total forclusión de lo femenino y de lo maternal terrorífico, y donde la ambivalencia ya no existe (R. Stein).

El trabajo de cultura es falsificado. La ambivalencia hacia el padre originario deviene fusión incestuosa con él.

Tercer nivel: la comunidad de desmentida y de escisión que sella un pacto terrorista inconsciente
Propongo un tercer nivel de alienación, esta vez en una dimensión inter-psíquica. Su mecanismo es la “Comunidad de desmentida” (Fain 1971; Kaës, 2009). Estas comunidades de desmentida –y por lo tanto de escisión- recaen sobre la representación de la terceridad edípica, y más allá, sobre las tres diferencias fundamentales e indisociables: diferencia entre los sexos, diferencias entre generaciones y diferencias entre culturas.

La comunidad de desmentida estructura y sostiene indefectiblemente ligados entre ellos a los sujetos del pacto ya que la desmentida de uno es sostenida por la desmentida de todos  los otros del grupo. En consecuencia, el grupo sólo forma una simbiosis donde se funden los individuos en un “nosotros”, o más bien en un "uno" colectivo,  instancia que reemplaza la instancia ideal de cada individuo. El superyó individual se disuelve en el superyó cultural transformado en instancia totalitaria, único objeto de identificación adhesiva. ¡Esta comunidad de desmentida es también el cimiento y el garante del proceso destructor! La ideología totalitaria idealizada sólo sería in fine el producto, el síntoma y el retorno de lo escindido del pacto homicida.

Más importante aún, la comunidad de desmentida y de escisión, consolida las escisiones drásticas entre sujeto totalitario y objeto a ser eliminado, según una lógica binaria en términos de puro/impuro - potente/destituido – super musulmán/ no creyente. ¿Cómo no pensar aquí en la figura escindida Herrenmensch Aryen/ Untermensch Juif de la ideología nazi?

La comunidad de desmentida y de escisión compartida por cada uno es indispensable afín de sellar y mantener drásticamente escindidas esas dos representaciones opuestas que a la vez son, de hecho, indisociables. La desmentida compartida consolida la escisión intrapsíquica del yo de cada terrorista, ya que la parte femenina, infantil, herida debe ser radicalmente evacuada y proyectada sobre los no creyentes.

Estas “meta-defensas” inconscientes y colectivas dan cuenta del potencial destructor y totalitario de la ideología. Constituyen el eslabón que permite la intrincación entre la realidad ideológica colectiva y su incorporación en el funcionamiento intrapsíquico del yo inconsciente de cada individuo.
Inversamente, el levantamiento de las desmentidas amenaza a los homicidas de masa con un abismo identitario, con un odio desintrincado y vuelto sobre sí, con una vergüenza ruinosa, con un despedazamiento de su yo escindido – desde el momento en que se desorganizan los pactos inconscientes que mantenían aglomerados los yo intrapsíquicos de cada uno de los sujetos homicidas. (Cf. Las benévolas de J. Littel)

Desidentificación con lo humano y masoquismo de muerte
“Por Allah, los aterrorizamos”;
“Triunfaremos porque estamos del lado de la muerte”

Benslama, en una entrevista reciente, afirma lo siguiente: A través del espectáculo cruel de los cuerpos dislocados, los terroristas dejan una escena aterradora de destrucción de la figura humana del enemigo. No es sólo la muerte, sino también la aniquilación del otro, ya que es difícil reconstituirlo para darle sepultura”.

El masoquismo del terrorista sacrificado es aquí un masoquismo de muerte, signo de la desmezcla pulsional (Rosenberg), en la que el terrorista suicida me parece una figura central. Una “in-identificación”, afirma Benslama.

El terrorismo y la radicalización religiosa se afirman como una de las nuevas formas de alienación subjetiva y de malestar en la cultura contemporánea. Esta hipótesis, que prolonga la cuestión fundamental de la escisión del yo y de su negatividad, retomada por Freud hacia el final de su vida, nos invita a proseguir nuestra parte del trabajo de cultura y a defender una concepción psicoanalítica de la libertad. Esto implica no dejarse engañar por el abanico defensivo del yo inconsciente y de su potencial de destructividad.

Traducción, Patricia Suen.

Bibliografía
Benslama, F. (2015), L’idéal blessé et le surmusulman, in : L’idéal et la cruauté. Subjectivité et politique de la radicalisation. Paris, Lignes.
 
Braunschweig, D., Fain M. (1971). La nuit, le jour. Essai psychanalytique sur le fonctionnement mental. Paris, Le Fil rouge, PUF.
 
Freud S. (1930) [1929], El malestar en la cultura, Vol.XXI (1990), Buenos Aires, Amorrortu Editores
 
Kaës, R. (2009), Les alliances inconscientes. La psychanalyse à l’épreuve du groupe, Paris, Dunod.
 
Littel, J. (2006), Las benévolas. (2008,  Barcelona, RBA libros.
 
Rosenberg, B. (1999). Masochisme mortifère et masochisme gardien de la  vie. Monographies de psychanalyse, Revue Française de psychanalyse. Paris, PUF.
 
Stein, R. (2002), Le mal comme amour et libération : l'état d'esprit d'un terroriste kamikaze religieux. Revue française de psychanalyse, Tome LXVI, 3/2002 La séduction traumatique, Paris, PUF.
 
Winnicott, D.-W  (1971), El uso de un objeto y la relación por medio de identificaciones, en Realidad y juego (1988), Gedisa editorial.
 

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