Psicoanálisis en tiempo del Covid-19

Steven Jaron
 

El propósito de psicoanálisis profiláctico es mantener la continuidad del setting en medio de estos tiempos sin marco? Cómo afectan los cambios a ambos miembros del Par Freudiano?

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[Publicado en el blog Wild Thoughts de Free Association el 18 de marzo de 2020]

Nos desplazamos al análisis remoto. Por el momento, al menos, los analizandos no entrarán más al consultorio y se acostarán en el diván durante la duración de su sesión. Nos hablan desde lejos, y en diferentes posiciones (estirados, sentados, o aun parados), desde lugares que sólo nos debían resultar familiares por cómo los habían evocado en el pasado, mientras escuchamos desde nuestros sillones en nuestros consultorios, como habitualmente. Respondiendo a lo solicitado por el gobierno y animados por nuestras sociedades psicoanalíticas, las parejas psicoanalíticas freudianas están confinadas en sitios diferentes.

El psicoanálisis en el cual el analizando y el analista ya no están en la misma habitación y que depende del teléfono, Skype, o algún artefacto o aplicación similar es atópico en el sentido griego: ‘sin lugar’, ‘sin sitio’. O quizás sería más exacto decir que tiene muchos sitios, que no tiene uno solo sino lugares múltiples. Mientras que no siempre se practica como tal  lejos de ello, y muchos analistas hasta ahora se niegan o rechazan el encuadre incorpóreo o desencarnado por caer fuera de los parámetros del encuadre normal en el tiempo de la crisis sanitaria actual se usa de hecho esta forma. Es cuestión de la prueba de realidad. En la coyuntura de hoy, el psicoanálisis desmaterializado se practica como una profilaxis: la modificación del encuadre busca prevenir que los individuos contraigan la enfermedad o la infección. El trabajo clínico se convirtió en ‘protector’ y, si comprendemos la palabra literalmente, ‘vigilante’.

‘Deberíamos decir que, en esencia, la cura se realiza por amor’, escribió Freud a Jung, hablando de transferencia (Freud, 1906, p. 12 -13). Freud y los siguientes analistas descubrirían mociones de transferencia positiva en el reino de lo negativo y además las consideraban cuando surgían en el analista. 

El psicoanálisis fue al principio una cura a través del amor ese amor particular experimentado en la relación, despertado por la transferencia del paciente y la contratransferencia del analista esa sigue siendo la situación en tiempos del Covid-19.

¿Cómo modifica la práctica psicoanalítica el que se haya convertido en psicoanálisis profiláctico, esa forma particular de análisis remoto en el tiempo en que una enfermedad infecciosa amenaza al individuo y se impone sobre los lazos sociales? ¿Qué áreas de la realidad psíquica son afectadas por esto, tanto en el analizando como en el analista? 

Un paciente me habla desde su teléfono. Me oye toser y me lo dice. Me sorprendo no puedo recordar toser y no intervengo inmediatamente. Mi silencio lo impulsa a decir, ‘me está escondiendo algo! Está enfermo!’ Piensa que caí con la infección del corona virus. Le aseguro que en realidad estoy bien, pero insiste en decirme que tosí y agrega que mi voz cambió, que es rasposa porque me duele la garganta. Signos seguros de una enfermedad potencialmente mortal, insiste.

El paciente, un gerente bancario que está en análisis hace muchos años, pasó por períodos en los que sufrió alucinaciones negativas, como cuando no se veía al pasar frente a un espejo. En el diván una vez me alucinó fuera del lugar. Yo había desaparecido por completo, él estaba totalmente solo. Este fenómeno puede atribuirse, como escribió Green, al rechazo afectivo de la madre cuando era muy pequeño (Green 1983). En el caso de mi paciente, como la alucinación negativa que describe Green como parte del síndrome de la madre muerta, la alucinación auditiva es un efecto de la ausencia. Cuando empezamos la sesión telefónica aumentó mucho la ansiedad del paciente. ¿Dónde está el cuerpo del analista? La alucinación positiva (auditiva) llenó un vacío. ¿Pero con qué asoció el paciente el silencio del analista?

Previo a la modificación del encuadre, y por un largo período, de vez en cuando se sentía superado  por mi silencio, como si estuviera haciendo el duelo por una pérdida terrible. Hubo momentos en  los que lo asociaba con lo que sus  padres expresaban cuando era un niño. ¿Qué había hecho para merecer que le sacaran el amor de esa manera? No había indicios de que hiciera mal a sus padres y su autoexamen solitario no ofrecía ninguna clave. En análisis, no pudo decir qué podría haber pasado y su incertidumbre era la fuente de confusión agobiante y de ansiedad recurrente. En esos momentos, difícilmente podía hablar y lo que lograba decir parecía tener muy poco sentido.

Sin embargo, durante nuestra primera sesión telefónica logró encontrar las palabras  para expresar cómo se sentía, acusándome de tratarlo como hicieron sus padres cuando era niño. Creía que yo lo estaba castigando con mi silencio por algo que había hecho mal, aunque no tenía idea de cuál podría ser la fechoría. Me pregunté si cambiar al análisis remoto había sido tonto, si era demasiado para lo que mi paciente podía soportar. Aún cuando me dijeron que lo hiciera, ¿hice sin embargo algo equivocado? La consideración de mi contratransferencia me llevó a creer que mi paciente estaba proyectando en mí sus sentimientos de desorganización y culpa. Yo me sentía como se sentía él.

Al día siguiente, cerca del comienzo de la siguiente sesión, el paciente contó que su ansiedad había disminuido. De hecho, su voz expresaba cierta calma. Me sentí aliviado cuando dijo cómo se sentía. Describió su vecindad bajo el confinamiento. Difícilmente aparecía alguien. Estaba silencioso, salvo unos pocos residentes que compraban en la despensa ‘compras de pánico’ o parados en fila ‘respetando la distancia necesaria entre ellos’ en la pastelería. La ansiedad subía y bajaba entre manifestaciones agudas y su disminución al tomar en cuenta una guía compartida. Pero el silencio ya no tenía la misma cualidad ‘opresiva, atronadora’, que sintió el día anterior. Había algún movimiento, alguna vida. Sucedió que todo el tiempo que recordaba lo que vio fuera de la ventana, en cierto sentido se estaba describiendo a sí mismo y lo que pasaba en su vida mental.

Mientras lo escuchaba, me pregunté si recordaba cómo estaba convencido de que yo había contraído la enfermedad del Covid-19 pero hasta ahora, por lo menos, no hizo ninguna mención al respecto.

Bibliografía
Freud, S. (1906). Letter of December 6, 1906. In The Freud/Jung Letters: The Correspondence between Sigmund Freud and C.G. Jung. William McGuire (editor). Ralph Manheim and R.F.C. Hull (translators). Princeton: Princeton University Press, 1974.
Green, A.(1983). The Dead Mother. On Private Madness. Trans. Katherine Aubertin. London and New York: Karnac, 2005.

Traducido por Silvia M. Koziol

https://www.freeassociation.pt/post/psychoanalysis-in-the-time-of-covid-19
 

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Adela Escardo
En este tiempo de pandemia, un excelente articulo que equivale a tener una conversación muy cercana con el analista, lo cual resulta tan útil como reconfortante. De hecho, ofrece pensar que analizar en época de pandemia subraya la función de analizar que se complementa con la de proteger. Y ésta última funciona de ida y vuelta ante las preocupación del paciente por la salud del analista. El ejemplo clínico parece muy pertinente.
19/09/2020 19:13:25