El inconsciente es una fake news

Dr. Patrick Merot
 

El insconsciente crea la realidad psíquica, las Fake news alteran la realidad material. Es posible compreender ese fenómeno social a la luz del enigma de la autoridad, un fenómeno de la transferencia.

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Que las fake news existen no debería sorprender a nadie, siempre existieron. Si bien antaño llevaban otro nombre -noticias falsas- no por eso dejaban de estar presentes. Lo que hoy llama la atención, es la desmesura de su éxito.

Las guerras y la política son los terrenos privilegiados para su proliferación ya que la percepción binaria del mundo les es favorable. Cuando el mundo se divide entre bueno y malo, se impone el deseo de permanecer entre los buenos, es decir en este caso los vencedores, sea cual fuera el precio a pagar con respecto a la verdad. Pero, al lado de las noticias falsas inventadas de cabo a rabo, a veces fabricadas de manera industrial, existen las noticias falsas espontáneas, las que el sujeto produce de buena fe, con la convicción incluso de estar llevando a cabo un acto de verdad, y que son mucho más interesantes para comprender. Y al reunir ambos tipos de noticias falsas, tenemos su recepción, porque el destinatario ignora muy frecuentemente sus fuentes y no cuenta con elementos para discriminarlas.

En el inicio de la década, las fake news encontraron su pico más alto, tanto en el campo político, con las elecciones en los Estados Unidos, como en el campo científico con la pandemia mundial de Covid 19.

Las fake news, que durante la campaña de Donald  Trump marcaron su apogeo, eran del primer tipo, impactaron por su carácter sistemático y por dar soporte a teorías explícitamente delirantes. Las noticias falsas con respecto al virus de la covid eran más bien del segundo tipo, igualmente desenfrenadas, y pretendían dar respuesta a cuestiones relativas a un campo en el que inicialmente prevalecía lo desconocido.

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Con respecto a la proliferación de falsas noticias existen antecedentes conocidos, y reflexiones aún hoy totalmente pertinentes. Marc Bloch, en 1921 escribió un texto destacable sobre la cuestión del rumor: Las falsas noticias en la guerra’ [1]. Se refiere a su experiencia personal como observador y combatiente en las trincheras, y señala las causas esenciales. Su propia experiencia fue la de descubrirse dispuesto a creer lo que un jefe le anunciaba sobre un bombardeo de los rusos sobre Berlín. Uno cree fácilmente lo que uno desea creer (en algunos casos se seguirá creyendo por necesidad-por necesidad de creer-cuando la noticia falsa ha sido escrita con sangre [2]). Apoya su reflexión con el examen de una situación concreta que desgarraba a los dos pueblos en guerra, y que sigue siendo un caso típico: la realidad supuesta sobre la violencia ejercida por los civiles belgas por un lado, y por las tropas alemanas por el otro. Parece evidente que las atrocidades de las tropas alemanas en Bélgica comienzan desde los primeros combates, escribe Marc Bloch, cuando se propagan en su seno relatos que presentaban a los belgas como bestias sedientas de sangre. Lo destacable en su trabajo es mostrar que una noticia falsa adquiere un estatus de real y puede tener un impacto formidable en la realidad. Su conclusión es de una perfecta claridad: 

Una noticia falsa nace siempre de representaciones colectivas que le preexisten […] pero se pone en marcha sólo porque la imaginación ya está preparada y fermentan en silencio […], la noticia falsa es el espejo donde la consciencia colectiva’ contempla sus propios rasgos. […] Ahora bien, los relatos relativos a la guerra de 1870 fueron el alimento de  esos hombres desde su infancia, les repitieron hasta el hartazgo las atroces hazañas atribuidas a los francotiradores franceses. 

Lo destacable de la reflexión de Bloch es que, a partir de los trabajos de los que disponía,  anticipa un análisis que llevará 80 años confirmar cuando Jhon Horne y Alan Kramer establecieron, a partir de encuestas internacionales exhaustivas, que 

no hubo sublevación por parte de los civiles belgas y franceses contra los invasores, pero sí, que la mayoría de los soldados alemanes, creía que eso era así. Así, la potencia de lo imaginario pudo tener esta influencia concreta sobre lo real’ [3]

No hay acontecimientos puros, sólo el impacto de esos acontecimientos y el relato que se hará de ellos: los acontecimientos no son hechos históricos, afirman estos autores, sino por el hecho de que los percibimos y por lo que percibimos de ellos. Estas son palabras de historiador, pero podrían surgir de la pluma de Freud cuando habla de verdad histórica.

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Con Freud esta problemática encuentra su dimensión inconsciente y se expresa con los términos de realidad material / realidad psíquica.

Muy tempranamente, Freud descubre que los enunciados que produce el sujeto no son recuerdos fácticos de lo efectivamente ocurrido: desde el abandono de sus neurotica, el descubrimiento de la dimensión de la fantasía introduce una diferencia prodigiosa entre los acontecimientos a los que el sujeto se enfrentó y la manera en la que se inscribieron en él: la pulsión está allí para dar forma a la fantasía. Pero sólo después de un tiempo prolongado de maduración de su pensamiento, Freud llega, con Moisés y la religión monoteísta, a formular esta distancia en términos de realidad psíquica y realidad material.

La realidad psíquica es la percepción que el sujeto tuvo de los hechos y el recuerdo que tiene de ellos, una percepción que se encuentra bajo la influencia de los movimientos pulsionales y de los apegos transferenciales. El sujeto construye su realidad, no a partir de la realidad material sino a partir de la realidad psíquica. Finalmente, son los deseos y las represiones del sujeto los que van a gobernar la construcción de esta realidad. A esta realidad psíquica, Freud la llama también, verdad histórica, donde historia adquiere el sentido de relato. No resultaría abusivo decir que el inconsciente es un productor certificado de fake news: el inconsciente es una fake news. La reorganización de los recuerdos ¿no obedece al mismo mecanismo que éstas, al menos cuando se trata de noticias falsas sinceras, es decir que no obedecen a una intención maligna como cuando su autor tiene plena consciencia de que difunde una noticia falsa? Y por las mismas razones, del lado del receptor, el sujeto se verá inclinado a apreciar las fake news que van a satisfacer una expectativa: creer lo que uno desea creer. ¿El análisis no es precisamente el trabajo infinito de deconstrucción de esta realidad psíquica: deshacer las distorsiones que el empuje del deseo, pero también la represión, la escisión y todos los mecanismos de defensa impusieron a lo que podríamos llamar la verdad del sujeto? Es así que Freud nunca dejó de definir al psicoanálisis en su relación con la verdad [4].

Del mismo modo, las fake news, sólo son identificadas como tales y deconstruidas después de un largo y difícil trabajo. En efecto, hay una desproporción entre la facilidad con la cual una noticia falsa puede ser producida y el tiempo necesario para demostrar su falsedad. Freud destacaba, a propósito del conocimiento racional, que era imposible aceptar la idea de que el núcleo de la tierra fuera de mermelada, producto de la cocina humana, pero que a pesar de su absurdidad, no podemos descartar, sin demostrarlo, la idea de que ese núcleo sea de agua saturada con ácido carbónico. Hay ciertas teorías humanas de las que hay que ocuparse a pesar de su aparente inverosimilitud [5].
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Abordar desde esta perspectiva  la noticia falsa supone un cierto consenso entre aquellos que así lo deciden, pero este consenso plantea un problema: para los defensores de una fake news, las cosas se invierten, son los otros los que se satisfacen en el error mientras que son ellos los que actúan con la verdad. En este punto, hay que intentar comprender lo que observamos hoy en una gran cantidad de adeptos de noticias falsas, a veces asociadas a teorías conspirativas, y es el rechazo global frente a toda información que fuera validada por un consenso a nivel de la sociedad. No es la guerra y sus prácticas de censura las que despejan el camino a las noticias falsas, por el contrario, es en un mundo en el que la información es sobreabundante donde se difunde la idea de que ellos nos engañan’. Y ese ellos’ no designa solamente a un gobierno, sino también a la comunidad científica y, finalmente, a todo un universo: los políticos, los universitarios, los investigadores, los estadísticos; la industria farmacéutica; los laboratorios; los centros de investigación; las instancias de control y validación; los médicos clínicos hospitalarios y los médicos de base; los medios de comunicación de todo tipo; periódicos; televisión; redes clandestinas, poderes secretos, un estado profundo y, in fine, el capitalismo para algunos y el comunismo para otros. Y esta monstruosa manipulación se despliega en el mundo entero en una inmensa conspiración. Esta tabula rasa tiene una temible eficacia retórica puesto que, de ahora en más, ningún otro razonamiento podrá alcanzar al que haya ejecutado esta operación: el argumento que se le opone, aunque fuera de una racionalidad a toda prueba, proviene de un universo cuya autoridad se impugna; el sujeto que ha dado ese paso se verá entonces conducido a suponer y a imaginar dispositivos complejos mediante los cuales se busca imponerle una verdad que él denuncia. Queda expedito el camino para la idea de la conspiración. ¿Pero qué es entonces esta autoridad así cuestionada de manera absoluta?

Recordar que ese movimiento de pensamiento se juega en una relación crítica frente a la autoridad, permite comprender la radicalidad de esas extrañas conversiones que hacen que algunos se inclinen del lado de las fake news y se tornen absolutamente impermeables a todo argumento racional. Súbitamente, invalidaron a los portadores de la autoridad establecida –y aquí nuevamente el psicoanálisis podría, para cada uno, contribuir a esclarecer los factores inconscientes de esta ruptura-, por consiguiente, nada de lo que provenga de aquellos, aunque se tratara de los elementos más evidentes y mejor demostrados, será tomado en cuenta [6]. Eligen en su lugar a otros representantes a los que se les otorga la autoridad, con el riesgo de adherir a verdades infundadas, incluso absolutamente irracionales, pero que gozan del privilegio de no proceder de aquellos cuyo discurso fue invalidado. Las redes sociales ocupan el primer puesto hoy para reivindicar ese privilegio, ignorando todo procedimiento de validación de su discurso.

Para estos resistentes, el lugar de la verdad estará en toda palabra que tome el sentido contrario al del discurso dominante y muy frecuentemente provendrá de personajes que escapan al sistema, abriendo una vía regia a las lógicas más descabelladas. Es allí donde la fake news puede tomar dimensiones delirantes.

Pero presentimos que esta noción de autoridad es difícil de circunscribir a pesar de que su rol en la vida social es central: misteriosamente, la autoridad designa lo que se impone sin emplear la fuerza. Esto es lo que la diferencia del poder que dispone de la fuerza. No hay ningún misterio en ceder a la fuerza, hay algo de inasible en el hecho de someterse a la autoridad. Hannah Arendt [7], refiriéndose al campo político, subrayó esta oposición y describe un mundo desaparecidoen el que el poder era competencia del Estado y la autoridad de la Iglesia. Kojève [8] se dedicó a registrar las figuras de autoridad, en sus diferentes tipos: el padre, el maestro, el jefe, y el juez. Pero entre los filósofos existe una dificultad para explicar una realidad social que constatan, pero cuyo origen les  es enigmático, mientras que el psicoanálisis dispone de un concepto que da cuenta de ello y que no es otro que el de transferencia. Freud aborda el tema de la autoridad –en su obra hay innumerables ocasiones en que aparece el término autoridad- y propone una génesis. Sólo existe una respuesta: es en el niño, en su relación con los padres (más exactamente con su superyó), y luego por extensión con los maestros, los héroes, las instancias de la sociedad y el discurso colectivo que se constituye el superyó del niño y el reconocimiento de una autoridad. Uno de los objetivos del análisis será deconstruir esa relación de autoridad y darle un lugar justo: el psicoanálisis coincide sin duda con la mirada de toda filosofía, pero ocupándose de la dimensión inconsciente de este apego. En su diálogo con Einstein, impregnado de pesimismo, Freud lamenta esta enorme mayoría de los hombres dependientes y sometidos a una autoridad - en otra parte afirma 'No teman ustedes exagerar la manía de autoridad y la inconsistencia interna de los seres humanos' [9] - y puesto que hay que lograr desprenderse de esta figura parental, decepcionado, expresa un deseo: 'Lo ideal sería, desde luego, una comunidad de hombres que hubieran sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón' [10].

La gran paradoja es que los sostenedores de la conspiración y los adeptos de las noticias falsas se expresan en nombre de la libertad y de la autonomía. La crítica a la autoridad que debería ser fuente de libertad es entonces, por su carácter masivo e indiscriminado, puesta al servicio del reinado de las fake news, ilustrando desgraciadamente demasiado bien el aforismo de Lichtenberg, 'En la mayoría de los hombres, la incredulidad en una cosa surge de la creencia ciega en otra' [11]. Creencia ciega, en efecto, que excluye metódicamente toda una parte de la realidad: por consiguiente, no hay que sorprenderse frente a la dificultad que podemos encontrar para hacer que esos hombres y esas mujeres retornen a una comunidad de pensamiento que acepte considerar toda la complejidad del mundo.
 
N del T: Para los pasajes de las obras de Freud citados en francés por el autor se empleará la edición castellana de Amorrortu Editores con traducción de José Luis Etcheverry. En el presente artículo se procederá a citar, en nota al pie, la edición francesa del artículo de Freud, respetando la referencia citada por la autora, seguido, entre corchetes, de la referencia en castellano con el título, el volumen y las páginas correspondientes.

 [1] Bloch, M. (1921). « Réflexions d’un historien sur les fausses nouvelles de la guerre », Revue de synthèse historique, t. 33.
[2] Ainsi l’invasion de l’Irak au prétexte de la présence d’armes de destruction massive. Nombreux ont été les Américains à continuer à y croire, même après que l’administration Bush eut reconnu les faits.
[3] Horne, J. et Kramer, A. (20110. Les Atrocités allemandes. Paris: Tallandier.
[4] Merot, P. (2009). « Guérison et vérité », in Quelle guérison ? Mal, maladie, malaise, Annuel de l’APFParis: PUF.
[5] Freud, S. (1932). « 30e conférence », OCF XIX. Paris: PUF. [Amorrortu editores. T. XXII Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1932-1936) Conferencia 30° ‘Sueño y ocultismo’, pgs 29-52]
[6] En Rusia, una desconfianza muy profunda de la población hacia el poder condujo a un fracaso de la campaña de vacunación contra el Covid, mientras que los científicos del país lograron muy rápidamente fabricar una vacuna eficaz.
[7] Arendt, H. (1989). La crise de la culture, « Qu’est-ce que l’autorité ». Paris: Gallimard folio essai.
[8] Kojève, A. (1942). La notion d’autorité. Paris: Gallimard, 2004.
[9] Freud, S. (1910). « Les chances d’avenir de la thérapie psychanalytique», Paris, PUF, OCFX, p. 68 [Amorrortu editores T. XI Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica’ (1910)  p. 138]
[10] Freud, S. (1933). « Pourquoi la guerre », OCF XIX, p. 79. [Amorrortu editores. T. XXII ¿Por qué la guerra ? Einstein, Freud (1933/1932) pg. 196]
[11] Lichtenberg, G.C. (1966). Aphorisme, Paris, Jean-Jacques Pauvert, p. 70.

Imagen: 30 de octubre de 1938, Orson Welles anuncia un ataque de extraterrestres sobre el territorio americano. 

Traducción: Patricia Laura Suen
 

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