Réquiem para una utopia

Dr. Leopold Nosek
 

En esta reflexión sobre cómo el Zeitgeist penetra en la intimidad del quehacer analítico, el autor diferencia el internacionalismo de la globalización. El final de esta revista se toma como un síntoma

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Este es un número de despedida. Tal vez esta revista haya sido la marca de una generación de psicoanalistas, o al menos de una parte de los que vivieron los resonantes años tras la Segunda Guerra Mundial. Quién sabe si esta generación, ciente de barbáries nunca antes imaginadas – el Holocausto, el progreso técnico y científico al servicio de la destrucción que culminó en el ataque con armas nucleares contra civiles – pues bien, esta generación, tomada de anhelos reconstructivos y de reparación, puede haber abrazado el Psicoanálisis como una bandera por la humanización del mundo, una vía posible de emancipación civilizatória. Una institución internacional como la API, organización de psicoanalistas que comparten los apuntalamientos conceptuales establecidos por Freud, podría acoger várias de las nuevas utopias y de nuevos proyectos. Más allá de la barbárie de los nacionalismos y de las propuestas hegemónicas de dominación, vimos nacer pátrias para los desahuciados e indeseados, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (que hoy nos parece obvia, como si siempre hubiera existido), la Organización de las Naciones Unidas y tantos otros proyectos humanistas. 

Pero apenas habían silenciado las armas y otro conflicto ya se esbozaba: la Guerra Fria. Que no ha comenzado así tan fria: ¿Hiroshima no fue un alerta para evitar la entrada de los rusos en la Asia Oriental? En nombre del equilíbrio de fuerzas de extermínio, empezamos a vivir el miedo permanente al potencial  poder destructivo de los dos bloques políticos involucrados. Se levantaron entonces dos banderas utópicas: el liberalismo y el igualitarismo. Irónicamente, ese episódio se encerró con uno de los contendientes sucumbiendo a una crisis económica y política. El llamado proyecto socialista naufragó en bancarrota, subyugado a la competencia capitalista. Una vez más circuló la idea de que el esquema de destrucción tenía los días contados – aparecía en el horizonte la ilusión de una nueva era de libertad y democracia. 

Como consecuencia nefasta de las jugadas de la Guerra Fria en el tablero de la política internacional, surgió una nueva categoria humana, la de los desaparecidos por las dictaduras militares y también una fuerte diáspora de analistas latinoamericanos, sobretodo argentinos de inspiración freudiana, que fueron acogidos en nuestras organizaciones. Los miembros de API participaron intensamente en las agitaciones de los años 1960 y 1970, en busca de alternativas a los dos polos del mundo cindido. 

Pido disculpas por este vol d’oiseau de pensamiento, pero me sirve de preámbulo para esta despedida. Me recuerdo de una canción de los recónditos de Brasil, mi país, cuyo refrán repite cada vez que doy un paso el mundo se sale de su lugar, y me permito desentrañar algunos recuerdos personales.  

El grupo de analistas formado después de la Segunda Guerra Mundial fue fundamental para la maduración del proyecto internacionalista, y fue responsable de la sorprendente expansión conceptual y clínica que se produjo en las décadas 1960 y 1970. Mi generación, yo mismo también inmigrante, ingresó en la API juntamente con el grupo latinoamericano, y es a partir de ahí que comienzo mis recordaciones. 

La administración de Horácio Etchegoyen nos legó, entre tantos proyectos, la House of Delegates; la divulgación de las actas de la junta directiva; una mayor interacción con el mundo ideológico y político. Fue también durante ese período que comenzamos a desarrollar el proyecto de una revista de la API, que tuviese en cuenta las diferentes regiones que la constituyen y también la diversidad de pensamientos que permite la herencia freudiana. La idea tuvo el apoio, entre otros, del mismo Etchegoyen, de la Secretaria General Ana Maria Azevedo, de Moisés Lemlij, y también de Ethel Person, entonces miembro del board y editora de la News Letter de la API. Fui editor del News Letter después de Person, y me propuse a tornarlo un vehículo unificador y promotor de debates. En uno de los números publicamos un memorable debate entre Robert Wallerstein y André Green sobre el lugar de la investigación empírica en el psicoanálisis. Los enfrentamientos ideológicos impidieron que el proyecto de una revista saliera adelante, pero la idea quedó en el aire en las administraciones que siguieron. 

Cuando Stefano Bolognini presidió la API; Bob Pyles la APsaA; Peter Wegner la EPF; y yo la FEPAL, fue finalmente posible una colaboración financiera e ideológica que sentó las bases de Psychoanalysis.today, cuyo último número es este en el que estoy escribiendo. Algunos princípios respaldaron el proyecto. En la antigua discusión sobre la constitución de la API — si la asociación albergaria a los miembros o a las sociedades –, sosteníamos que las sociedades eran más representativas que un restringido grupo miembros. Las federaciones regionales no tenían cabida en el organograma de gobierno de la API, y un vehículo que hiciese la mediación entre ellas respondía a las quejas de los miembros sobre la distancia de la organización que los albergaba y representaba. De todo modo, las tres federaciones y la API se encargarían del soporte financiero de la nueva revista, que se publicaría apenas en formato electrónico, para disminuir el costo. Teníamos muy clara la diferencia entre gastos e inversiones. 

Una idea general que nos guiaba era la concepción y tradición internacionalista. Yo mismo solía bromear diciendo que, amante de las internacionales como era, participaba con entusiasmo en este proyecto, el único superviviente de ellas. Así, en júlio de 2015 nació Psychoanalysis.today, que vivió siete años, y falleció en 2022, habiendo publicado diecisiete números. Formé parte del primer comité editorial, constituido por Daniel Alfredo Biebel; Gilberte Gensel; Adrienne Harris; Liliana Pedron; Jane S. Hall; Rui Aragão Oliveira, y Ursula Burkert. Me gustaría destacar el apoyo incondicional de Bolognini a la revista. 

Ahora vuelvo al poeta, que dice que ‘cada vez que doy un paso el mundo se sale de su lugar’. El mundo no se detiene y yo corro tras él…

Después de los años 90, en los que tuvimos la ilusión de un mundo de paz y asistimos al paradójico debilitamiento de la ideologia liberal, entramos en los años del neoliberalismo y de la globalización. Las viejas banderas se fragmentaron en una miríada de estandartes sectorizales, sin comunicación entre sí, con el telón de fondo del creciente individualismo. Sin poder detenerme en la amplia discusión sobre las diferencias entre internacionalismo y globalización, diría que, a grandes rasgos, hubo, por un lado, solidaridad, colaboración, estrechamiento de lazos, atenuación de las diferencias nacionales, raciales y de género, etc. y, por otro, estrategias económicas para obtener cadenas de producción más baratas, con el consiguiente empeoramiento de la remuneración laboral, así como disputas por territorio, mercado e influencia. La entrada en escena de poblaciones gigantescas antes ajenas al círculo del capital – China y los países de la antigua Unión Soviética – inicia un ciclo de prosperidad, con enormes desarrollos tecnológicos. La riqueza acumulada es extrema, y la distribución de lo recaudado es precaria. Las oligarquías se multiplican por todas partes. Los regímenes populistas prosperan y una nueva guerra se vislumbra en el horizonte.

Nosotros, analistas, inevitablemente insertos en este universo, modulamos nuestra reflexión y nuestra práctica por él. Mientras observamos una creciente influencia de la técnica en detrimento del pensamiento humanista y filosófico, nuestra práctica ve disminuido su prestigio y se aleja de los proyectos de los jóvenes.

Somos devastados por la ideología positivista que nos aleja de la hechicera metapsicológica freudiana y de tantos autores que bebieron de esta fuente. Clasificamos, cada vez más, patologías, géneros, banderas ideológicas y actividades asociativas. Hoy, una pandemia acentúa estos movimientos. Seguramente no habrá vuelta atrás, habitaremos otro mundo. Evidentemente, las ideologías no son impermeables a nuestra área, y nuestra perplejidad nos hace caer en la tentación de abandonar el campo abierto por Freud, el de los fantasmas sexuales de la infancia que colonizan nuestra alma. Por otro lado, somos trabajadores y productores de conocimiento, y la reflexión sobre la ideología se impone – no estamos colonizados sólo por lo infantil: una parte esencial de las batallas que libramos es contra la colonización de la subjetividad, el intento de conformarla a la búsqueda de la hegemonía de grupos y naciones. En su correspondencia con Einstein, Freud ya advertía sobre este desafío. Una doble tarea de pensamiento se extiende ante nosotros.

Creo que el fin de nuestro proyecto editorial es sólo una gota en el océano de cambios que estamos viviendo y que viviremos. Lamento este desenlace de un hermoso proyecto internacionalista más, que será sustituido por grupos en confronto con otros grupos, en la eterna lucha por la hegemonía. Estos grupos reclamarán para sí no sólo los recursos materiales, sino también la corrección de sus conocimientos, sus ciencias, sus artes y sus banderas. La idea de solidaridad permanecerá, pero sólo dentro de un grupo en conflicto con otro. Nuestro grupo analítico se parece a cualquier grupo y reproduce en su pequeñez lo macroscópico del mundo. Hasta ahora, sólo el miedo a la autodestrucción en la batalla con el otro ha frenado nuestro poder de destrucción.

Termino pensando que, a pesar de todo, la paz, la idea universal del hombre, la democracia, el respeto al bien público, en definitiva, la idea ética de sumisión a la alteridad, siguen siendo esenciales en nuestra práctica. El mundo se mueve en medio de contradicciones, por lo que conservo la utopía de que construiremos nuevas formas de convivencia y que inevitablemente renaceremos en la piel de las nuevas generaciones.

Image: Identidad desconocida, de Carlos Zilio

Esta obra fue creada en 1974 para representar a los desaparecidos durante la dictadura militar en Brasil. Aquí, la imagen marca la muerte del sueño y del ideal internacionalista de un proyecto construido por igual entre los diversos grupos y culturas psicoanalíticas dentro de la API.


Traducción: Maria Cristina Vasconcellos
 

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