Escribo este ensayo hacia el final de varios meses de confinamiento en la ciudad de Nueva York (NYC) y después de doce semanas de haber tenido con mis pacientes sólo sesiones en mi casa, vía audio y/o aplicaciones de video. Durante estos pocos días pasados se alcanzó un punto de inflexión en los Estados Unidos con otro asesinato más de un hombre negro por un oficial de policía blanco en Minneapolis que desencadenó protestas contra la violencia racial sistémica por todo el país. La pandemia exacerbó las inmensas disparidades raciales, injusticias y violencia racista sistémica en los Estados Unidos. También resaltó al racismo como una pandemia global en sí mismo – obviamente con marcadas diferencias culturales entre los países alrededor del mundo, basadas en historias específicas (por ejemplo, colonialismo, esclavitud, nazismo alemán para mencionar solo algunos marcadores de ese tipo).
Entonces, ¿cómo ha sido practicar psicoanálisis y psicoterapia en el medio de esta crisis? Una afirmación hecha por psicoanalistas que oí y leí repetidamente (por ejemplo durante encuentros por Zoom o listas de psicoanalistas) fue la idea de que ahora estamos atravesando el mismo trauma que nuestros pacientes. Trataré de describir brevemente cómo una noción generalizada de la epidemia de COVID como trauma colapsa diversas experiencias, incluidos el trauma, el recuerdo traumático, ansiedad, desamparo y rabia (entre otros). Mientras que los traumas individuales seguramente interactúan con lo que podemos llamar traumas grupales, esas interacciones son complejas y necesitan diferenciaciones cuidadosas. Propongo ser cautos al aplicar la noción de trauma psíquico y usarlo solo en el sentido estricto del término, cuando el cuerpo-mente
[1] de una persona es totalmente desbordado, hasta el punto de que ya no es posible experimentar plenamente, menos aún el procesar mentalmente, el evento traumático. El trauma psíquico tiene efectos tanto a corto como a largo plazo en la organización total del cuerpo-mente de una persona.
¿Muchos pacientes y analistas sufrieron trauma durante la pandemia, es decir, traumas producidos o reactivados por la pandemia y exacerbados por ella? Sí. ¿Todos los pacientes y analistas en NYC sufrieron traumas por los efectos de la pandemia de COVID? No. Hay mucho que diferenciar aquí, y me gustaría aportar con esta pequeña contribución para que la gente preste atención a la diversidad de sufrimientos (versus no sufrir), como los eventos recientes de protestas encendieron mucho más que lo usual los radares de las personas contra el racismo y la violencia sistemática por la actuación policial contra la gente negra.
Las formas y la extensión del sufrimiento dependen de muchos factores, no menos de los socioeconómicos. Como se esperaba, los índices de infecciones serias y muertes no están solo altamente correlacionadas con la edad y las condiciones subyacentes sino también con el status socioeconómico y – mientras los dos están altamente correlacionados en los Estados Unidos – con la raza. La gente de color, especialmente Negros e Hispanos, han sufrido significativamente más que los Blancos
[2].
Las disparidades socioeconómicas en los Estados Unidos en general, y en NYC en particular, eran inmensas pre-pandemia, incluyendo la falta de viviendas, nutrición y educación adecuadas para mucha gente desfavorecida y desposeída, así como la falta del empleo que incluiría o pagaría lo suficiente como para acceder al cuidado de la salud. Ahora todas esas desigualdades e injusticias se han exacerbado. Esto también implica que la mayoría de las personas que sufrieron violencia racista (tanto intergeneracional como intensamente a través de la violencia estructural y física contemporánea) no tienen ningún acceso al cuidado de la salud mental en los consultorios de psicoterapia privados.
Lo que encontramos – y lo que no encontramos – en nuestros consultorios es reflejo de las desigualdades socioeconómicas, raciales y profesionales. Yo encontré diferentes reacciones entre trauma y duelo, por un lado, y alivio por otro, con el último siendo expresado por pacientes socialmente muy ansiosos y pacientes esquizoides. Expresan alivio por no sentir la presión social de salir al mundo, socializar, comunicarse, trabajar y colaborar con otra gente en persona, con frecuencia en una proximidad cercana. Otros pacientes con altos niveles de ansiedad expresaron alivio – aún justificación – acerca de la amplia propagación del miedo y la ansiedad alrededor del COVID.
La gente en las ‘primeras líneas’, especialmente los que trabajan en hospitales, asilos y otros lugares donde cuidan a todos los otros que están enfermos o muriendo por COVID, fueron obviamente traumatizados, lo que significa que tienen que disociarse de sentir miedo o dolor al enfrentar el sufrimiento y la muerte como para seguir adelante y trabajando. Algunos pacientes perdieron y están en duelo por seres queridos, o han atravesado miedo intenso cuando los miembros de la familia se enfermaron severamente y fueron hospitalizados, mientras ni siquiera podían estar con ellos personalmente.
Vivir atravesando la pandemia hizo más visibles los conflictos personales e interpersonales de la gente tanto como los recursos (tanto socioeconómicos y mentales) para enfrentarlos y sobrellevarlos. Debido al confinamiento de todos los ‘negocios no esenciales’ algunos de mis pacientes perdieron sus trabajos durante la pandemia. Otros, que se consideran afortunados de tener todavía un trabajo, y especialmente aquellos que trabajan desde la casa, trabajan aún más horas que lo habitual. Aún si están atrapados delante de sus pantallas todo el día y parte de la noche, sintiéndose estresados, si no aterrorizados – esto último porque se anticipan a la pérdida de sus empleos en el futuro cercano debido a la crisis económica que ya empezó.
Brevemente, la gente sufrió un aumento de miedo y ansiedad, inseguridad profesional y financiera, aislamiento social o la exacerbación de los conflictos interpersonales con los socios, compañeros de vivienda y niños u otros miembros de la familia que cuidan. Trabajar con gente que vive el duelo por la pérdida de un ser amado por COVID es simplemente asistir y acompañarlos en su duelo, facilitando el espacio mental para el trabajo del duelo. Para pacientes con una historia de pérdida traumática, el COVID no sólo viene acompañado con el dolor de perder a alguien, sino que también reactiva las estrategias mentales protectoras para hacer frente a las repeticiones anticipadas de ese trauma. Algunos pacientes que sufrieron pérdidas traumáticas, sufren de intensa ansiedad por sufrir otra vez una pérdida, todo lo cual está exacerbado cuando se combina con el trauma racial.
Me encuentro muy a menudo más enfrentada con las limitaciones de nuestro trabajo que antes de la pandemia. Mientras que también me recuerda qué puede hacer el psicoanálisis, por ejemplo, trabajar con patrones relacionales dolorosos, conflictos internos e interpersonales, brindar una nueva concientización y, hasta cierto punto, ayudar a curar traumas, dolorosamente nos recuerda lo que el psicoanálisis no puede – al menos no directamente – es decir, mejorar las condiciones sociales que reproducen y alimentan el sufrimiento.