Fake News en el escenario psicoanalítico

Dr. Isaac Tylim
 

Fake news y el marco psicoanalítico. Un incidente clínico singular.

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Falso connota un objeto que no es genuino. Una falsificación o un reloj falso o ropa de diseñador falsa, una declaración inventada sin evidencia para sostenerla, una simple mentira. En otras palabras, lo falso es equivalente a no verdadero o real, una obra de ficción con potencial destructivo. El envío contemporáneo de mensajes cada vez más numerosos y la diseminación de fake news en las redes sociales parece funcionar como una industria dedicada a la desinformación. Las fake news infiltraron el discurso político y la salud pública en países de todo el mundo.

La siguiente viñeta intenta ilustrar cómo la cultura de las fake news parece haber invadido la santidad del encuadre terapéutico. Podemos argumentar que las motivaciones subyacentes de esta invasión están multideterminadas. Ninguna interpretación simple puede abarcar lo que a primera vista se puede ver como un acting out o un enactment. El caso de E destaca la indestructibilidad de deseos que subyacen a las fake news, junto con la permeabilidad del encuadre terapéutico.

E. 
Una mañana normal en el consultorio durante los tiempos pre-pandémicos. El paciente de las 10 AM recién dejaba la sala de espera. Tengo un breve descanso antes de la siguiente cita con E, una mujer de negocios que comenzó su tratamiento hace más de un mes. Me pasa por la mente que E permanece ambivalente acerca de comprometerse con el tratamiento. Durante la última sesión expresó escepticismo acerca de aumentar la frecuencia como habíamos discutido en una ocasión previa.

Cerca de las 11 AM me serví un vaso de agua anticipando el inminente y ruidoso timbre de la puerta principal. El reloj exacto del teléfono celular indica que ya son las 11:10 AM. ‘No va a venir, lo sabía’ – murmuré – ‘Ya un acting out’ me dije mientras entablaba un debate interno sobre cómo proceder en caso de que no me notifique los motivos para no tener la sesión.

Como con cada nuevo paciente, estoy consciente de un velo de ansiedad que colorea mis reflexiones. Escribir unas pocas notas parece facilitar la espera. 11:20 AM. Suena el timbre. Siento cierto alivio por su llegada mientras se pulsa el timbre de la puerta principal. Poco después un segundo timbre y se abre la puerta de la sala de espera. Consciente de que la sesión será ahora 20 minutos más corta, me muevo para invitar a E al consultorio. Al abrir la puerta, para mi sorpresa me enfrento con una cara desconocida. Una perfecta extraña está parada frente al estante de revistas. Confundido y ligeramente desorientado, recuperarme me llevó unos pocos minutos. ‘¿Quién es esta mujer? ¿Me equivoqué al agendar un nuevo paciente en la hora de E? ¿Soy a tal grado prisionero de la contratransferencia negativa con una paciente difícil que prefiero reemplazarla con una menos resistente? En ese momento se me escapó la capacidad de discernir lo que en realidad estaba pasando. Sin embargo, a pesar de mi estado desregulado me las arreglé para decir ‘¿Puedo ayudarla?’

La verdadera desconocida contesta ‘¿Usted no es el Dr. T?’

‘Sí, soy yo’ declaro.

La extraña, parada ahora a unos pocos pies de distancia de mí, continúa: ‘E me llamó más temprano esta mañana para decirme que debido a una emergencia relacionada con el trabajo no podía venir hoy. Me ofreció la hora en vez de desperdiciarla. Aquí estoy. Tengo mucha curiosidad sobre la terapia, y me gustaría saber cómo funciona. Una muestra me ayudaría a decidirme en un sentido u otro.’

Explicándole que solo veo pacientes con cita, me apresuro a desear buena suerte a la extraña mientras me retiro a la seguridad de mi consultorio.

Como se podía esperar, el resto del día me sentí incómodo e irritado. E me había usado, me había tratado como a un objeto en su poder, me había sustituido o desechado como a una herramienta con un valor limitado. E intentó controlar la situación terapéutica ejerciendo su poder sobre mí. Desencadenó en mí una sensación de irrealidad, como si el breve intercambio con la extraña no hubiera sido un encuentro real sino uno de ficción, una escena de cine anhelando ser producida.

La siguiente sesión E llegó a tiempo. Manifiestamente enojada, me acusó de traicionar lo que ella llamó ‘el contrato’. E planteó su propia versión de cómo se suponía que trabajaríamos. Afirmó que su hora le pertenecía, y ‘quién es usted para apoderarse de ella’. E estaba convencida de que una cita debe considerarse como los tickets del teatro – si por alguna razón uno no puede asistir al show, siempre se puede ofrecer el ticket extra a algún amigo. Para E la sesión a la que no se presentó era el equivalente de un voucher sin día de expiración. Afirmó saber que muchos profesionales con los que estuvo en contacto aprobaban, incluso celebraban, el traspaso de las sesiones perdidas a amigos o parientes. Mi respuesta interna fue una frase que se estaba haciendo popular en la escena política nacional: más FAKE NEWS.

La realidad psíquica de E estaba inundando el campo. Me sentí iluminado por el gas, y se me cruzó por la mente que E y la extraña habían planeado la construcción del escenario de una conspiración ‘casera’ con el objetivo de pervertir el encuadre analítico y atacarlo. Distorsionando el encuadre que yo había discutido cuidadosamente durante la consulta inicial, las fake news proporcionaron a E un grado de comodidad que no podía alcanzar. Por mi parte, mi contratransferencia resonaba con las fake news de E llevándome a invocar teorías conspirativas. Retrospectivamente me di cuenta que especular acerca de las fake news de la paciente me llevó a la creación de mis propias contra fake news – que E y su amiga habían planeado una ‘insurrección’ para degradarme del sillón analítico. El virus de mentiras contaminó el tratamiento y también la función del analista. Una transferencia perversa hizo que el encuadre fuera falso, por lo tanto, estéril.

¿El espíritu político de la época, de mentiras y decepciones en el nivel macro, ejerce un efecto dominó en el nivel micro? La escisión del yo permite expulsar aspectos de la realidad. El encuadre falso de E puede ser visto como uno que subvierte el establecido, que se considera limitante y restrictivo.

Los creadores de fake news asisten a los cibernautas para crear sus fake news privadas, hechas a la medida. A veces son travesuras destinadas a amigos y parientes, a veces están al servicio de la agresión, incitando a los individuos o grupos a acciones violentas. ¿Las intenciones de E de burlarse del tratamiento fueron una travesura, o el objetivo final era desafiar la realidad a favor de la gratificación? E distorsionó el encuadre dando lugar a una especie de ilusión / distorsión. El encuadre terapéutico sólo existía en relación con ella misma. Ella convirtió en autorreferencial el paisaje de la terapia. Aceptar trabajar bajo el encuadre analítico acordado debe haber sido sentido como una imposición de la realidad que no encajaba en su búsqueda de gratificación. Para conseguir lo que quería, E necesitaba depender de la realidad psíquica más que de la realidad material. Crear el falso encuadre fue la invención de E que anunciaba un deseo que la persistencia del proceso primario ayudaba a sostener.

El funcionamiento mental se rige por una coreografía dinámica de los dos principios mentales que gobiernan la vida psíquica: el principio de realidad y el principio de placer. Mientras que la meta del principio de placer es reducir la tensión al mínimo, el principio de realidad intenta regular y modificar las demandas del principio de placer.

Las fake news representan el fracaso del principio de realidad en el ejercicio de su función reguladora. Van en contra de las órdenes de la realidad externa. Como los deseos, fantasías y creencias irracionales, las fake news son signos de pulsiones conscientes o inconscientes movilizadas para excluir lo que se considera un hecho inaceptable y pruebas inventadas. Las fake news parecen no disiparse nunca, y son indestructibles como los deseos inconscientes. Bajo una sombrilla de desinformación, el proceso secundario es reemplazado por la lógica del proceso primario. La lógica del proceso primario desea gratificación sin demora. En relación con las fake news, el proceso secundario fracasa en proporcionar pensamiento, razonamiento y en posponer la gratificación. De esta manera las fake news sirven de amortiguador de las heridas narcisísticas. Desvían una confrontación potencialmente insoportable – la confrontación entre la realidad externa y la interna. Se niegan así las limitaciones y se favorece que las percepciones sean dominadas por lo agradable (placer) derivado de la indestructibilidad de los deseos.

Wikipedia define las fake news como ‘una información antigua, falsa y engañosa presentada como noticia. Frecuentemente tiene la intención de dañar la reputación de una persona o entidad… el término no tiene una definición fija, y se aplica con mayor amplitud para incluir cualquier tipo de información falsa, incluyendo mecanismos no intencionales e inconscientes…’ Las fake news también se definen como polución de la información.

En la raíz de las fake news está frecuentemente la búsqueda de poder, como si la retención del poder se basara en la fabricación de una narrativa adecuada basada en mentiras. La creación de fake news favorece la depuración de lo que no encaja en una narrativa dada.

Hoy las redes sociales – Instagram, Facebook, WhatsApp – son un terreno fértil para el crecimiento de las fake news, es decir para la diseminación de la polución de la información. La tecnología ofrece herramientas eficaces para que noticias no chequeadas alcancen a millones en cuestión de minutos. Una vez publicadas, las fake news parecen propagarse como si tuvieran vida propia. Operan como un virus capaz de contaminar los esfuerzos humanos que se desprenden del ámbito más personal e íntimo de la vida privada de las personas, hasta el ámbito más amplio y de múltiples capas del discurso político. A través del mundo los ciber aficionados fallan en escoger lo falso de lo que no lo es. Los cibernautas son propensos a abrazar una realidad definida por otros anónimos que son maestros en el campo de la venta de teorías conspirativas seductoras.

Las fake news no son un fenómeno nuevo. Aunque en las postrimerías del siglo veinte la revolución ciber-tecnológica hizo su difusión más fácil y expeditiva, las fake news ejercieron una poderosa influencia desde los albores de la civilización. Fueron, y continúan siendo, fieles compañeras de las construcciones ideológicas cambiantes. Evolucionan a menudo en teorías conspirativas elaboradas. Una vez publicadas, estas teorías conspirativas resultan ser muy difíciles de erradicar. Como los virus que no responden a las modalidades de tratamiento, las fake news mudan en variaciones que eluden la lógica reforzando su dominio sobre poblaciones enteras. En la Edad Media algunos cristianos se aferraron a la creencia de que en la Pascua los judíos mataban niños para consumir su sangre. Esta construcción centenaria continúa prosperando en el siglo 21 aunque en versiones diferentes – por ejemplo, la creencia de que la elección Americana fue robada.

Como indiqué arriba, las fake news se multiplican a un ritmo imprevisto debido a la predominancia de lo digital. La tecnología aporta un vehículo para su transmisión rápida, como nunca antes en la civilización humana. Las comunicaciones online enriquecieron la imaginación de los consumidores con resultados mixtos. Por un lado, los emprendimientos creativos se desarrollan contribuyendo a avances económicos y sociales, mientras que por el otro permiten la proliferación de declaraciones que atacan la verdad y la realidad consensuada.

Las fake news son sumamente contagiosas. Su efecto se esparce a través del tiempo y el espacio de un mundo hecho plano por la internet. Los textos online son como una espada de doble filo: facilitan la conectividad, mientras a través de las narrativas falsas son capaces de atacar la misma conectividad que promueven, fomentando el odio y la división. En realidad, internet abre las puertas a terrenos psicológicos hasta ahora no visitados. Los cibernautas aislados pueden encontrar a otros que comparten puntos de vista similares, y que confían en la misión unificadora de las redes sociales. Sin embargo, internet también erige un foro de descarga de agresiones disfrazadas como fake news. Los posibles resultados perjudiciales, si no peligrosos, de las fake news, se muestran casi diariamente en los monitores. Recorrer el ciberespacio estimula una extraña desinhibición al ofrecer luz verde para el desborde del odio bajo el escudo del anonimato.

Traducido por Silvia M. Koziol
 

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