Notas acerca del trabajo psíquico sobre la ausencia

Dra. Alegre Romano
 

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La “ausencia” no puede ser vivida ni conceptualizada sin su par antitético la “presencia”.

Este artículo describirá cómo los juegos infantiles resultan valiosos para la elaboración del tema.                                                                                                 

Winnicott (1951), un analista destacado, describió el objeto transicional refiriéndose al típico juguete, el oso de peluche, que las madres dan a sus hijos en lo primerísimos tiempos de la vida . Los bebés de todo el mundo acarician, juegan, miran y  ensucian al objeto transicional durante su tierna infancia. Este juguete guarda para ellos una relación entrañable que los acompaña en distintos momentos de su crecimiento, sobre todo en un momento álgido de la relación con su madre cuando ésta deja de ser experimentada por los bebés como una parte de ellos. Empezar a ser percibida como alguien separado con vida propia. Ese osito de peluche representa la primera posesión externa al yo, en la zona de transición entre el adentro y el afuera.

Dicha zona va más allá de la tradicional diferenciación entre ser y no ser.Green (1988) explica que el objeto transicional puede ser y no ser la madre al mismo tiempo para el bebé; la actitud de ella resulta esencial para esto. Requiere una mirada sin cuestionamientos, que posibilite sostener lo que el niño experimenta; una zona de ilusión acorde al desarrollo evolutivo. El objeto transicional se halla en el tiempo y el lugar en el que para el bebé la madre está en la transición de ser sentida como fusionada a él y por momentos como alguien separada. Se establece entonces un comportamiento que puede utilizarse posteriormente frente a amenazas de privación. Si este modelo no se instaura una patología puede sobrevenir. 

Freud (1920) sobre este tema describió un juego infantil, conocido como Fort–da.  Lo observó en los primeros tiempos de la vida de su nieto y lo utilizó para conceptualizar la relación traumática que vivía éste frente a la partida de su madre.

La relación presencia - ausencia es trabajada por el niño desde los primeros tiempos de vida quién de manera activa hace un juego elaborativo. La ausencia de la madre fue representada mediante un carretel que se deslizaba. A través de un lenguaje concordante el niño exclamaba “o-o-o” que significaba lejos cuando el carretel se iba y cuando lo retomaba y se acercaba a él exclamaba “Da” acá. El lenguaje, posibilitaba evocar y sostener la ausencia, una forma de dar cuenta de la diferencia entre lo que el niño percibe sobre  la ida  y vuelta de su madre.     

En el tradicional juego de “la sabanita”, la madre hace activamente con su hijo el anuncio de su presencia y luego su desaparición y  cuando la madre reaparece  ambos sonríen con la alegría del reencuentro.        

Como otro ejemplo podemos considerar el juego de El Gran Bonete: 

Al Gran Bonete se le ha perdido un pajarillo y dice que el azul  lo tiene. Al oír  esto el niño que hace de azul  o del color nombrado debe contestar en seguida que no lo tiene. Y el Gran Bonete pregunta: ¿pues entonces   quién lo tiene? 

Mientras circula como ausencia, la palabra lo torna presente, lo nombra, lo sitúa;  hace presente lo ausente. Quizás se trate de lo perdido. ¿Adónde va lo que se pierde, o lo que al no poder evocarlo con la fantasía se siente como perdido? ¿Cómo diferenciar lo perdido de lo ausente?  

Winnicott (1967) también estudió la privación en los niños y sus efectos en el psiquismo. Escribió una fórmula  x + y + z  referida al tiempo soportable de ausencia de la madre en un niño pequeño sin vivir angustias amenazantes, confusiones, etc.

El estadio de desarrollo del niño determina el tiempo que ellos pueden disfrutar y aceptar  momentos de separación de la madre.  

En el texto de Green (1988) encontramos que

el psiquismo sería efecto de la relación de dos cuerpos en la que uno de ellos está ausente, la condición de ausencia de uno de esos dos cuerpos decide el destino de la representación, resta saber lo que el otro cuerpo logra hacer con esta no presencia.

Esta interesante reflexión ubica la presencia corporal como causa necesaria  para la vida anímica, define la ausencia como insustituible y la conducta del niño frente a la misma. Este le da significado a la ausencia pero también ella lo define.   

Desde los inicios de su obra, Freud (1886-99) escribió sobre el concepto de huella mnémica  como marca y registro de las experiencias vividas. Es una forma de subsistencia en el inconsciente que luego sufre distintas transformaciones. Las huellas no son innatas, se van representando en el vivir.               

Winnicott (1958) expresó “La capacidad de estar a solas en presencia de la madre” como una de las paradojas del desarrollo psíquico que  implica ausencia en la presencia.   

La ausencia es esencial para que el psiquismo se desarrolle y complejice. Hace par con el concepto de presencia y habita el territorio de la representación. Si la constitución subjetiva no es sin la presencia de otro, el encuentro filial suficiente abrevará condiciones para dar nacimiento a la ausencia, una forma de presencia potencial Winnicott (1967) Green (1975).

La ausencia, independizada del espacio - tiempo del objeto, abona las experiencias que amortiguan las vivencias de desamparo y aporta cierta seguridad  y suficiencia. 
 
Referencias
Freud, S. (1986-99), Manuscrito K. Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud, Obras Completas, T.I. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1994.
Freud, S. (1920), Más allá del principio del Placer. Obras Completas, T.XVlll. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2001.
Green, A. (1975), El psicoanálisis, su objeto, su porvenir. La Metapsicología Revisitada, Buenos Aires: Editorial Eudeba,1996.
Green, A. (1988), La Metapsicología Revisitada. Pulsion, psique, lenguaje, pensamiento. Buenos Aires: Eudeba, 1996.
Romano, A. (2000), Revista Encuentros,“Espacio Winnicott,”Asociacion Psicoanalítica Argentina. Buenos Aires: Ediciones Publicar.    
Winnicott, D.W. (1951), Objetos Transicionales y Fenómenos Transicionales, cap. 1. Realidad y Juego.  Barcelona: Editorial Gedisa, 1986.
Winnicott, D.W. (1967), La Ubicación de la Experiencia Cultural, Realidad y Juego(1968), Barcelona: Editorial Gedisa.
Winnicott, D.W. (1958). La capacidad para estar a solas.  El proceso de maduración en el niño. Barcelona: Editorial Laia, 1979.
 

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